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Entrevista: Fotógrafo pasa 17 años documentando la vida en Mongolia

Foto de Mongolia por Frederic Lagrange

El fotógrafo Frédéric Lagrange se enamoró de Mongolia cuando era niño, mucho antes de siquiera tener la oportunidad de visitar este país. Sorprendido por las historias de su abuelo, quien fue rescatado por soldados mongoles durante la Segunda Guerra Mundial, el viaje de Lagrange a esta tierra lejana se convirtió en el inicio de una aventura profesional en la fotografía.

Diecisiete años e innumerables viajes después, Lagrange finalmente está listo para mostrarle al mundo el trabajo de su vida. Entre sesiones de fotos editoriales y comerciales para publicaciones como Vanity Fair, The New Yorker, Louis Vuitton y GQ, hizo las maletas e invirtió su propio tiempo y dinero para sacar adelante este apasionante proyecto. Después de casi dos décadas de capturar imágenes, Lagrange se sumergió en sus vastos archivos para crear Mongolia, un libro que es una verdadera obra de arte. Este compendio captura el espíritu del país de Asia Central, prácticamente inexplorado por los foráneos cuando Lagrange hizo su primer viaje en 2001.

La historia de Mongolia se despliega a lo largo de 185 fotografías, en las que acompañamos a Lagrange en sus viajes de 13 meses de duración. Vemos rostros desconocidos que se transforman en amigos, así como los desolados paisajes cambian con las estaciones. Diseñado con amor y con el cuidado de alguien que dedicó su vida a documentar un país, el libro es un increíble tour de force.

Para financiar la publicación de libro, Lagrange lanzó una campaña en Kickstarter, donde Mongolia ha sido muy bien recibido. Tras alcanzar su meta después de solo cinco días, el objetivo original ha sido duplicado: una hazaña increíble para un libro de arte que cuesta $200 dólares.

Tuvimos la suerte de hablar con Lagrange sobre Mongolia y cómo ha evolucionado su proyecto a largo de 17 años, así como la creación de libro y lo que piensa sobre su éxito en  Kickstarter. Lee nuestra entrevista exclusiva y echa un vistazo a Mongolia, que estará disponible en Kickstarter hasta el 26 de octubre de 2018.

Foto de Mongolia por Frederic LagrangeTu interés en la fotografía surgió mientras trabajabas como modelo. ¿Qué fue lo que te atrajo de la fotografía y te hizo decidir convertirla en tu profesión?

Cuando estaba en mis veintes, fui modelo por tres cortos años pero tuve la oportunidad de trabajar con algunos fotógrafos increíbles que me permitieron tener una idea del mundo de la fotografía y fueron de mis primeras influencias. Me pareció muy atractivo en cuanto noté que uno podía ganarse la vida y expresar su creatividad como fotógrafo.

Tuve la oportunidad de pasar tiempo fuera del set con algunos de estos fotógrafos, como Mario Testino, y vi de primera mano cómo procedían en la vida y el trabajo, su increíble curiosidad, buscando constantemente nuevas ideas, interesándose ​​en la gente y siendo inspirados por hechos aparentemente imperceptibles que, más adelante, se convertirían en grandes sujetos fotográficos. También estaba estudiando derecho internacional y economía en ese momento, con la idea de trabajar para las Naciones Unidas, pero había perdido mi inspiración, motivación e interés en ese campo.

Todo lo que podía aspirar a ser estaba dentro de la fotografía: ser creativo, viajar, ser mi propio jefe, ser independiente y, en última instancia, ganarme la vida gracias a ese increíble oficio. Todos esos elementos, combinados con la exposición temprana a ese mundo a través del modelaje, convirtieron a la fotografía en la mayor de mis pasiones. En ese momento, no sabía nada al respecto, y nunca había tenido una cámara profesional en mis manos; tenía que aprender absolutamente todo desde cero. En ese momento, decidí mudarme a Nueva York y busqué un empleo como asistente de fotografía. Comencé como tercer asistente, poco a poco aprendí más sobre el oficio y la técnica y conocí a más personas en la industria. Fui asistente por tres años y luego en 2000/2001, comencé a fotografiar. Para el 2002, ya era un fotógrafo de tiempo completo y hacía sesiones para revistas.

Foto de Mongolia por Frederic Lagrange¿Nos puedes contar un poco sobre lo que inspiró tus viajes a Mongolia?

Cuando tenía 7 u 8 años, mi abuelo solía contarme historias de sus días como prisionero de guerra en un campamento alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Me contó cómo había sido salvado por un batallón de soldados mongoles que formaban parte del ejército soviético que luchaba contra el eje. Esos soldados mongoles se encontraban en el área donde mi abuelo fue encarcelado.

Los soldados mongoles atacaron el campamento, persiguieron a los alemanes y salvaron a todos los prisioneros. Mi abuelo me contó cómo todos estos prisioneros, estadounidenses, británicos y franceses, se abrazaron y celebraron juntos. Recuerdo su risa y sus ojos llorosos cuando me contaba esa historia. Cuando era niño, podía sentir que el evento había sido importante en su vida. Habían salvado su vida y, de alguna forma, la mía. Desde entonces, Mongolia tenía un lugar especial en mi mente, aunque de niño no sabía exactamente dónde quedaba.

Foto de Mongolia por Frederic Lagrange

 

Foto de Mongolia por Frederic Lagrange¿Qué te atrajo sobre Mongolia que te hizo querer volver una y otra vez?

Hice mi primer viaje a Mongolia a finales de agosto de 2001. En aquel entonces no pasaba mucho y el país no había sido documentado ni era tan popular como lo es actualmente. Once años después de la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética, Mongolia apenas comenzaba a despertar lentamente de las décadas soporíficas bajo el mando soviético y estaba experimentado con la democracia y el capitalismo.

Había mucha confusión y caos en la ciudad capital, especialmente en el gobierno, y en la forma en que el país estaba siendo dirigido y liderado. Recuerdo que me intrigaba la desolación que mostraban algunas partes de la ciudad capital. La arquitectura típica de la era soviética de los edificios era una fascinación visual por su encubrimiento inhumano. Todo eso, como originario de occidente, me resultaba novedoso. Pude ver y entender cómo un régimen político podría afectar la vida cotidiana y la psique de las personas. Eso fue fascinante.

Después, el drástico contraste que encontré a pocos kilómetros de la ciudad fue una gloria natural. El campo mongol era lo opuesto a toda la organización lineal del espacio y la geometría que los soviéticos habían tratado de infligir en las ciudades. No había nada que ver allí, y eso fue un gran alivio en comparación con la opresión de las ciudades. Una vez que llegué al extenso campo, pude ver por millas y millas, en todas direcciones. A mi alrededor, el paisaje parecía un cuadro de Rothko de tres capas: el suelo cubierto de hierba, las líneas de montañas remotas y, finalmente, la capa azul del cielo. Todos esos elementos hicieron de Mongolia un lugar verdaderamente único que nunca había visto o experimentado en ningún otro lugar del mundo. Y también es un país enorme (cinco veces el tamaño del Reino Unido) con mucho que ver y descubrir. Recuerdo que estaba muy entusiasmado con la perspectiva de viajar y ver poco a poco todo el país.

Foto de Mongolia por Frederic Lagrange

 

Foto de Mongolia por Frederic Lagrange¿Cuándo te diste cuenta de que esto sería más que un ensayo fotográfico y se convertiría en el proyecto de tu vida?

El primer viaje que hice fue más de un “viaje de exploración”, diría yo. Tenía la excusa de tomar fotos mientras viajaba, lo que hizo que mi tiempo y mis gastos valieran la pena para mí. Sin embargo, una vez allí, rápidamente comencé a fotografiar más de lo que tenía planeado. Todo y todos los que vi y conocí me parecieron fascinantes. Llevaba un rollo de tela negra que instalé en la tradicional ger (tienda nómada mongol) que, aunado a una luz difusa y suave, fue el escenario perfecto para tomar retratos.

En ese primer viaje, hice una serie de retratos de lugareños que conocí en mi camino y capturé algunos paisajes. Hasta la fecha, algunas de esas imágenes siguen siendo de mis favoritas. Una vez de regreso en Nueva York, revelé todos mis rollos de película y le mostré los resultados a algunos amigos y directores de arte de la industria. Para mi sorpresa, unas cuantas revistas decidieron publicar una historia con las imágenes y otras me animaron a dedicarme a ese trabajo como un proyecto a largo plazo en Mongolia.

Sin embargo, fue durante mi segundo viaje, en el invierno de 2002, que realmente me di cuenta del potencial que había en este país, y el enorme contraste que había entre los inviernos y los veranos y el cambio de paisajes, junto con las dificultades para fotografiar en el frío extremo. Todos esos desafíos hicieron que este proyecto potencial fuera aún más interesante y atractivo. Entonces decidí que haría un libro. Tenía un plan de 6 años para completarlo, pero siempre había algo más que ver, una nueva temporada por fotografiar o algunos retratos para tomar en una época particular del año. Resultó que, 16 años después, por fin sentí que había cumplido con la diligencia debida y había cubierto casi todo lo que tenía en mente para ver y fotografiar durante todos esos años.

Foto de Mongolia por Frederic Lagrange

 

Foto de Mongolia por Frederic Lagrange¿Cómo ha cambiado tu relación con el país?

He aprendido a conocer el país y la gente bastante bien a lo largo de los años: la psicología de las personas, la forma de acercarse a ellos, su filosofía, su enfoque de la vida, qué hacer, qué no hacer. He aprendido mucho al estar cerca de los grupos nómadas de Asia Central. Siento que tengo un buen conocimiento del país y, en general, me siento extremadamente cómodo en él y entre la gente local. Me han adoptado como si fuera uno de ellos. Incluso me dieron un nombre mongol, “Гурван Зуу” o Gurvan Zuu.

Durante uno de mis primeros viajes a Mongolia, uno de mis amigos mongoles me dijo: “Cuando los mongoles viajan, saben cuándo se van, pero nunca saben cuándo llegan”. Eso era todo lo que necesitaba aprender. Esa frase me dio el verdadero sentido de vivir en el momento, con flexibilidad y dejando que las cosas fluyeran. Cuanto más planeaba y organizaba cada viaje que tomaba con la cantidad limitada de tiempo que tenía, menos funcionaba. Los planes siempre tuvieron un giro inesperado, la mayor parte del tiempo debido a las condiciones climáticas extremas.

Foto de Mongolia por Frederic Lagrange(continúa) con el tiempo, aprendí a deshacerme de mis rígidas expectativas occidentales y dejé de tratar de controlar todo. Acepté el flujo de los eventos sin esperar nada. Así, las cosas comenzaron a salir mucho mejor de lo que yo podría haber planeado, permitiéndome estar en lugares en perfecta sincronía para capturar algunos momentos inigualables. Eso realmente me dio mucha confianza sobre lo inesperado y lo desconocido, algo que de otra manera puede provocar temor; una noción que desde he adoptado en mi vida cotidiana.

Ese es el regalo de este país, y posiblemente el mayor impacto de mis viajes en Mongolia. Pero lo más importante es que he hecho amigos, personas que me han apoyado increíblemente a lo largo de los años, extraños al azar que me han ofrecido su hospitalidad. Aprendí mucho viajando y trabajando en Mongolia.

Foto de Mongolia por Frederic Lagrange

 

Foto de Mongolia por Frederic Lagrange¿Cómo ha evolucionado Mongolia en 17 años?

La ciudad capital, Ulaanbaatar, ha evolucionado increíblemente para ponerse al día con algunas de las ciudades más vibrantes del resto de Asia Central. Ver esa evolución ha sido impresionante. La riqueza, la tecnología, el nivel de sofisticación que la gente ha podido aprender y alcanzar en tan poco tiempo es asombroso.

Por ejemplo, en mis primeras visitas, era muy difícil y costoso encontrar pollo, huevos, frutas y verduras. Como la mayor parte del año hace demasiado frío para cultivar o criar aves, todo se importaba de China y Rusia. Hoy en día, los supermercados de la capital y la mayoría de las ciudades más grandes del país cuentan con todos los productos que puedes necesitar.

Libro de Mongolia por Frederic Lagrange

 

Libro Foto de Mongolia por Frederic Lagrange¿Cómo ha sido tu relación con la gente de Mongolia?

Especialmente en los primeros años, la gente tenía muchas preguntas sobre lo que estaba haciendo, pues estaba viajando solo, en su país, tan lejos del mío. Estaban intrigados, tenían mucha curiosidad. Luego volví a visitar a esas mismas personas en viajes posteriores y mi relación con algunos de ellos se volvió amistosa.

La gente de Mongolia es muy hospitalaria por naturaleza, ya que el país es vasto y las comunidades están aisladas, por lo que las personas deben cuidarse mutuamente para sobrevivir en el campo, especialmente durante el invierno. Su comportamiento y hospitalidad no se limita a los locales; también asisten a cualquier persona con la que se crucen, incluidos los extranjeros.

Libro de Mongolia por Frederic Lagrange

 

Foto de Mongolia por Frederic LagrangeParece que has hecho muchos amigos en Mongolia. ¿Qué opinan del libro?

Todos están muy orgullosos de su país y de ser mongoles, así que ver un libro de este tamaño sobre Mongolia los hace muy felices. He recibido muchos correos electrónicos de mongoles alrededor del mundo que muestran interés en mi libro y mi relación con su país y me agradecen el trabajo que he realizado. La retroalimentación ha sido muy positiva.

Foto de Mongolia por Frederic Lagrange¿Hay alguna experiencia en particular que hayas compartido con un local que te gustaría contarnos?

Creo que los momentos más intensos que he vivido en Mongolia sucedieron con mi amigo y guía Enkhdul. Conocí a Enkhdul hace unos años, en 2005, y desde entonces ha estado conmigo en todos mis viajes. Hemos pasado por momentos muy intensos juntos. Un momento en particular fue en un lago congelado en el norte de Mongolia: el lago Khovsgol.

Durante el invierno, este lago tiene una capa de hielo de dos metros, lo suficientemente fuerte como para soportar el peso de un automóvil o camión. Conducíamos por el lago en febrero de 2005, siguiendo un camioneta con remolque frente a nosotros cuando, de repente, el hielo bajo el camión se rompió y la mitad del vehículo desapareció. Todos los que estábamos en el auto gritamos con horror al mismo tiempo, el conductor detuvo el automóvil a una distancia segura, saltamos del auto y caminamos lenta y cautelosamente a unos cien metros de la camioneta.

Los tres ocupantes del camión habían saltado a tiempo. Había mucha inquietud entre nosotros, y el hielo crujía mientras se rompía. Incluso nuestro conductor local, acostumbrado a seguir esa ruta en el invierno, no estaba seguro de la calidad del hielo, pero de alguna manera mantuvo la calma, aunque podía sentir que estaba muy ansioso. Después de auxiliar a los pasajeros de la camioneta, decidimos regresar a la seguridad de la costa.

Foto de Mongolia por Frederic Lagrange(continúa) En nuestra prisa por salir tan rápido como fuera posible, una llanta explotó cuando cruzábamos un puente de hielo y nos quedamos atrapados allí. Nos demoramos media hora en reparar ese neumático desinflado, durante el cual todos nos sentimos muy angustiados por los sonidos cada vez más fuertes del hielo crujiendo a nuestro alrededor. Fue un momento realmente aterrador. Finalmente llegamos a la orilla, aliviados y a salvo, pero no sin haber tenido mucho miedo. Esa fue una de las muchas experiencias que compartimos mientras viajamos juntos a lo largo de los años.

Una vez, Enkhdul me dijo que él sólo vivía y experimentaba este tipo de cosas estando conmigo y que su esposa siempre se preocupaba cuando viajábamos juntos.

Foto de Mongolia por Frederic LagrangeSé que es difícil tener imágenes favoritas, pues todas tienen un significado especial pero, ¿hay alguna que destaque para ti por su significado personal?

Me gusta Two Men on Ice. La tomé ese día en el lago congelado durante el evento que describí. También me gustan algunos de los retratos que tomé frente a fondos blancos y negros. Esos son retratos muy directos, pero el proceso de fotografiar a personas que nunca habían tenido una cámara frente a ellos fue muy interesante y brutal. No había ninguna pretensión y eso hacía que todo fuera una experiencia única.

 

A continuación:  Conoce más sobre la pasión de Lagrange por Mongolia y cómo comenzó a crear su libro.

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