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Enfrentamiento entre un zorro y una marmota gana un prestigioso premio de fotografía de vida silvestre

Zorro atacando a una marmota

‘The moment’ por Yongqing Bao (China). Ganador general. Ganador conjunto 2019, Comportamiento: Mamíferos.
“Era principios de primavera en las praderas alpinas de la meseta de Qinghai-Tibet, en la Reserva Natural Nacional de las Montañas Qilian de China, y hacía mucho frío. La marmota tenía hambre. Todavía tenía su pelaje de invierno y hace poco que había terminado su hibernación de invierno, pasando seis meses bajo tierra con el resto de su colonia de unos 30 animales. Había visto a la zorra una hora antes, y dio la alarma para advertir a sus compañeros que regresaran a su refugio. Pero la zorra no reaccionó y se mantuvo en la misma posición. Así que la marmota se había aventurado a salir de su madriguera de nuevo para buscar plantas para pastar. La zorra se quedó quieta. Entonces, de repente, atacó. Y, reaccionando rápido, Yongqing consiguió la toma. El ataque quedó congelado en el tiempo. La intensidad de la vida y la muerte está escrita en sus rostros: la depredadora en movimiento, con los colmillos de fuera, y la aterrorizada presa, con la pata delantera extendida, con largas garras adaptadas para cavar, no para pelear. Esta interacción depredador-presa es parte de la ecología natural del ecosistema de la meseta, donde los roedores, en particular las picas de meseta (más pequeñas que las marmotas), son especies clave. No sólo son la presa principal de los zorros y de casi todos los demás depredadores, sino que son esenciales para la salud de los pastizales, cavando madrigueras que también dan cobijo a muchos animales pequeños, como aves, lagartos e insectos, y creando microhábitats que aumentan la diversidad de especies vegetales y, por lo tanto, la riqueza de los prados”.
Canon EOS-1D X + objetivo f5 de 800mm; 1/2500 seg. a f5.6 (+0.67 e/v); ISO 640; tripié de fibra de carbono + cabeza de video 509HD de Manfrotto.

Una zorra tibetana corre hacia adelante, mostrando sus colmillos, mientras la marmota que persigue grita sorprendida, sabiendo sin duda que sus momentos están contados. El enfrentamiento entre estos dos animales, en lo alto de los prados alpinos de la meseta de Qinghai-Tibet, le ha valido al fotógrafo Yongqing Bao el título de Wildlife Photographer of the Year ( o fotógrafo de vida silvestre del año). Desarrollado y producido anualmente por el Museo de Historia Natural de Londres, el concurso de 2019 recibió más de 48,000 imágenes de 100 países a lo largo de 19 categorías.

Aunque muchas de las fotografías enviadas fueron excepcionales, The Moment, de Bao, finalmente se ganó a los jueces. Esta escena de horror—y humor—demuestra lo dura que puede llegar a ser la vida en la naturaleza. Casi podemos sentir las emociones de la expresiva marmota al ver sus patas alzadas y su boca abierta. Uno puede imaginar su grito para advertir al resto de la colonia sobre el peligro que se avecina.

“Fotográficamente, es simplemente el momento perfecto”, comparte Roz Kidman Cox, líder del panel de jueces. “La intensidad expresiva de las posturas captura tu atención, y la energía de las patas levantadas parece mantener a los protagonistas en perfecto equilibrio. Las imágenes de la meseta de Qinghai-Tibet son bastante inusuales, pero haber capturado una interacción tan poderosa entre un zorro tibetano y una marmota–dos especies clave para la ecología de esta región de pastizales altos–es extraordinario”.

Estos fotógrafos pueden pasar horas, incluso meses, tratando de capturar la foto perfecta. Esto puede significar tener que ganar lentamente la confianza del animal que quieren retratar o enfrentarse a temperaturas bajo cero durante largos periodos hasta conseguir la escena que desean. Sin embargo, su paciencia ha dado frutos: ahora, el público también tiene la oportunidad de apreciar momentos que de otra manera se perderían. Desde misteriosas criaturas submarinas hasta animales que se enfrentan a una fuerte nevada, las fotografías ganadoras ayudan a retratar la vida silvestre de la actualidad.

Todas las fotografías ganadoras—junto con otras imágenes destacadas—se exhibirán en el Museo de Historia Natural de Londres hasta el 31 de mayo de 2020, antes de embarcarse en una gira mundial.

Echa un vistazo a las extraordinarias fotos ganadoras del concurso Wildlife Photographer of the Year.

Acercamiento de un águila dorada en lo alto

‘Land of the eagle’ por Audun Rikardsen, Noruega. Ganador 2019, Comportamiento: Aves.
“En lo alto de un acantilado, en la costa cerca de su casa en el norte de Noruega, Audun colocó cuidadosamente una vieja rama de árbol con la esperanza de que sirviera como un mirador para un águila dorada. Para ello, atornilló un tripié con una cámara, flashes y un sensor de movimiento conectados, y construyó un escondite para sí mismo a poca distancia. De vez en cuando, dejaba carroña de animales muertos en la carretera cercana. Poco a poco—durante los tres años siguientes—un águila real se acostumbró a la cámara y empezó a utilizar la rama con regularidad para inspeccionar la costa de abajo. Las águilas reales necesitan grandes territorios, que en la mayoría de los casos se encuentran en zonas abiertas y montañosas del interior. Pero en el norte de Noruega, se encuentran en la costa, incluso en la misma zona que las águilas marinas. Cazan y recogen una variedad de presas, desde peces, anfibios e insectos hasta aves y mamíferos pequeños y medianos como zorros y cervatillos. También hay registros de que cazaron a un reno adulto alguna vez. Sin embargo, los ganaderos noruegos los han acusado de cazar ovejas y renos en lugar de simplemente buscar cadáveres en la basura, y ahora existe presión para que sea más fácil matar a las águilas de forma legal. Sin embargo, los científicos sostienen que las águilas son un chivo expiatorio de la muerte del ganado y que su muerte tendrá poco efecto en las pérdidas de los agricultores. Por su tamaño—tienen el peso de un gato doméstico pero con alas que se extienden más de 2 metros—las águilas doradas son sorprendentemente rápidas y ágiles, vuelan, planean, se sumergen y realizan espectaculares y ondulantes vuelos de exhibición. El esmerado trabajo de Audun captura el poder del águila cuando llega a la tierra, las garras extendidas, puesta para apreciar una vista imponente de su reino costero”. 
Canon EOS 5D Mark IV + objetivo f4 de 11–24mm a 11mm; 1/2500 seg. a f14 (-1 e/v); ISO 800; flash Canon Speedlite 600EX II-RT; sensor de movimiento Camtraptions; tripié Sirui.

Puma hembra cazando un guanaco en la Patagonia

‘The equal match’ por Ingo Arndt (Alemania). Ganador conjunto 2019, Comportamiento: Mamíferos.
“El pelaje de un guanaco vuela por los aires mientras el puma ataca. Para Ingo, la foto representa la culminación de siete meses de rastreo de pumas salvajes a pie, soportando el frío extremo y los vientos fuertes en la región de Torres del Paine en la Patagonia, Chile. Esta hembra era el sujeto principal de Ingo y estaba acostumbrada a su presencia. Pero para registrar un ataque, tenía que estar frente a la presa y al puma. Esto requería detectar un blanco potencial—en este caso, un macho grande de guanaco pastando lejos de su manada en una pequeña colina—y luego posicionarse a sotavento, de cara a la dirección de la que probablemente provendría el puma. Para monitorear sus movimientos cuando ella estaba fuera de su vista, posicionó a sus dos rastreadores para que pudieran vigilarla con binoculares y avisarle a Ingo cuando la hembra se acercara a su presa. Los pumas son rápidos gracias a que tienen una columna vertebral larga y flexible (como la del guepardo, al que está estrechamente emparentado), pero sólo en distancias cortas. Durante media hora, se acercó sigilosamente al guanaco. La luz era perfecta, lo suficientemente brillante para una exposición rápida pero suavizada por una nube fina, e Ingo estaba en la posición correcta. Cuando el puma estaba a unos 10 metros (30 pies), corrió y saltó. Mientras sus garras hacían contacto, el guanaco se torció hacia un lado, su último bocado de hierba volando por los aires. El puma saltó sobre su espalda y trató de darle un mordisco aplastante en el cuello. Corriendo, él no podía despistarla, y fue sólo cuando dejó caer su peso sobre ella, aparentemente deliberadamente, que ella se soltó, evitando una patada que fácilmente podría haberle roto los dientes o los huesos. Cuatro de cada cinco cacerías de pumas terminan así, sin éxito”. 
Canon EOS-1D X Mark II + objetivo f4 de 600mm; 1/3000 seg. a f4; ISO 1000; tripié Gitzo.

Ratas en las calles de Nueva York

“The rat pack” por Charlie Hamilton James (Reino Unido). Ganador 2019, Vida silvestre urbana.
“En la calle Pearl, en el Bajo Manhattan de Nueva York, hay ratas marrones se mueven entre su hogar bajo la rejilla de un árbol y una pila de bolsas de basura llenas de desperdicios de comida. Sus antepasados procedían de las estepas asiáticas; viajaron con los comerciantes a Europa y luego cruzaron el Atlántico. Hoy en día, las poblaciones de ratas urbanas están aumentando rápidamente. Los roedores están adaptados a la vida en la ciudad–son excelentes nadadores, madrigueros y saltadores, con un gran equilibrio, ayudados por sus largas colas tan odiadas. Son inteligentes–capaces de navegar en redes complejas como las del alcantarillado. También son sociales y pueden incluso mostrar empatía el uno hacia el otro. Pero su propensión a propagar enfermedades inspira temor y repugnancia. Sin embargo, los intentos de controlarlos son en gran medida ineficaces. El envenenamiento rutinario ha llevado al aumento de ratas resistentes al veneno. A las madrigueras se les ha inyectado hielo seco (para evitar envenenar a los animales rapaces que se alimentan de ellas), y los perros han sido entrenados como cazadores de ratas. Los sobrevivientes simplemente se reproducen (rápidamente) para llenar las madrigueras y atiborrarse cada noche con cualquier basura comestible que quede. Iluminando su toma para mezclarla con el resplandor de las luces de la calle y operando su equipo a distancia, Charlie halló esta vista íntima a nivel de calle”.
Sony α7R III + objetivo f4 de 16–35mm a 24mm; 1/20 seg. a f11; ISO 4000; flash de Sony; disparador de PocketWizard.

Calamar en Indonesia

‘Night glow’ por Cruz Erdmann (Nueva Zelanda). Ganador 2019, 11-14 años.
“Cruz se encontraba en una inmersión nocturna organizada en el Estrecho de Lembeh, frente a Sulawesi del Norte, Indonesia y, como fotógrafo entusiasta y nadador veloz, se le había pedido que se adecuara al grupo principal para dar a los nadadores más lentos la oportunidad de fotografiar. Así fue como se encontró sobre una llanura de arena poco prometedora, bajo sólo 3 metros de agua. Fue aquí donde vio un par de calamares de arrecife de aleta grande. Estos animales estaban en pleno baile de apareamiento, que involucra una comunicación resplandeciente y cambiante de líneas, manchas y rayas de diferentes tonos y colores. Uno se alejó inmediatamente, pero el otro—probablemente el macho—se quedó quieto el tiempo suficiente para que Cruz capturara un instante de su brillante espectáculo submarino”.                      
Canon EOS 5D Mark III + objetivo f2.8 de 100mm; 1/125 seg. a f29; ISO 200; estrobo Ikelite DS161.

Ranas reproduciéndose bajo el agua en Tirol, Italia

‘Pondworld’ por Manuel Plaickner (Italia). Ganador 2019 Comportamiento: Anfibios y reptiles.
“Cada primavera, durante más de una década, Manuel había seguido la migración masiva de ranas comunes en el Tirol del Sur, Italia. El aumento de las temperaturas primaverales hace que las ranas salgan de los lugares protegidos donde pasaron el invierno (a menudo bajo las rocas o la madera o incluso enterradas en el fondo de los estanques). Necesitan reproducirse y dirigirse directamente al agua, generalmente a donde ellos mismos fueron desovados. El apareamiento implica que el macho agarre a su pareja, a cuestas, hasta que ponga huevos—que pueden llegar a ser 2,000, cada uno en una cápsula de gelatina transparente—que fertiliza después. Manuel necesitaba encontrar el estanque perfecto con la luz adecuada y en el momento adecuado. Aunque las ranas comunes se han extendido por toda Europa, se cree que su número está disminuyendo y que las poblaciones locales están amenazadas, principalmente por la degradación del hábitat (por la contaminación y el drenaje) y las enfermedades y, en algunos países, por la caza. En el Tirol del Sur hay relativamente pocos estanques en los que todavía se congregan grandes cantidades de ranas para desovar, y la actividad alcanza su punto máximo después de unos pocos días. Manuel se sumergió en uno de los estanques más grandes, al borde del bosque, donde varios cientos de ranas se habían reunido en agua clara. Observó cómo el desove se iba acumulando hasta que llegó el momento de la imagen que tenía en la mente: luz natural suave, ranas persistentes, colores armoniosos y reflejos de ensueño. En pocos días, las ranas se habían ido, y los huevos maduros se habían elevado a la superficie”.
Canon EOS 5D Mark II + objetivo f4 de 17–40mm f4 a 20mm; 1/640 seg. a f8 (+0.7 e/v); ISO 800; carcasa Seacam.

Ciprés de Monterey en California

‘Tapestry of life’ por Zorica Kovacevic (Serbia/Estados Unidos.). Ganador 2019, Plantas y hongos.
“Festoneado con terciopelo naranja abultado, adornado con encaje gris, los brazos de un ciprés de Monterey tejen un dosel de otro mundo sobre Pinnacle Point, en la reserva natural estatal de Point Lobos, California, Estados Unidos. Esta pequeña y protegida zona costera es el único lugar en el mundo donde las condiciones naturales se combinan para conjurar esta mágica escena. Aunque el ciprés de Monterey es plantado ampliamente (valorado por su resistencia al viento, la sal, la sequía y las plagas), es nativo en la costa de California en sólo dos arboledas. Su esponjoso revestimiento naranja es, de hecho, una masa de algas verdes espectacularmente coloreadas por pigmentos carotenoides, que dependen del árbol para su soporte físico pero que fotosintetizan su propia comida. La especie de alga existe en muchos lugares, pero se encuentra en los cipreses de Monterey sólo en Point Lobos, ya que tiene las condiciones que necesita: aire limpio y humedad, suministrada por las brisas marinas y la niebla. El vibrante color naranja se ve realzado por liquen de encaje gris (una combinación de algas y hongos), que no daña los árboles. Después de varios días de experimentación, Zorica se decidió por un primer plano de un árbol en particular. Como los visitantes de la reserva en este popular lugar están confinados a caminar senderos marcados, tuvo la suerte de tener un clima nublado (evitando la luz fuerte) en un momento de tranquilidad. Tuvo el tiempo justo para tomar 22 imágenes (fusionando las partes nítidas de todas las fotos), revelando el colorido laberinto en profundidad”.
Nikon D850 + objetivo f2.8 de 70–200mm a 112mm; 1/4 seg. a f8; ISO 64; tripié Really Right Stuff + cabezal.

Colonia de anguilas de jardín

‘The garden of eels’ por David Doubilet (Estados Unidos). Ganador 2019, Bajo el agua.
“Esta colonia de anguilas de jardín era una de las más grandes que David había visto: al menos dos tercios del tamaño de un campo de fútbol, extendiéndose por una empinada ladera arenosa frente a Dauin, en Filipinas—un punto focal del famoso Triángulo de Coral. Se bajó del bote en aguas poco profundas y descendió por el borde de la colonia, decidiendo dónde colocar su equipo. Había esperado esta oportunidad durante mucho tiempo, dibujando un retrato ideal de la colonia en su estudio y diseñando un sistema remoto subacuático para hacer realidad su visión. También significó regresar a un tema muy querido—la primera de muchas de sus historias en National Geographic fue también sobre anguilas de jardín. Estos parientes de agua cálida de los congrios son extremadamente tímidos, desapareciendo en sus madrigueras de arena en el momento en que presienten algo desconocido. David colocó la carcasa de su cámara (montada sobre una placa base, con un cabezal) justo dentro de la colonia y se escondió detrás de los restos de un naufragio. Desde allí podía activar el sistema de forma remota a través de un cable de extensión de 12 metros. Pasaron varias horas antes de que las anguilas se atrevieran a levantarse de nuevo para alimentarse del plancton que flotaba en la corriente. Poco a poco fue perfeccionando la toma, dejando otros objetos donde había estado la cámara para no sorprender a las anguilas cuando reaparecieran. Varios días después, ya familiarizado con los ritmos de las anguilas y el camino de la luz, comenzó a obtener imágenes que le gustaban. Cuando un pequeño lábrido guió a un esbelto pez corneta a través de las formas suavemente oscilantes, llegó su oportunidad”.
Nikon D3 + objetivo f2.8 de 17–35mm a 19mm; 1/40 seg. a f14; ISO 400; carcasa Seacam; placa de aluminio + cabezal; disparador remoto; estrobos Sea & Sea YS250 (a media potencia).

Hormigas guerreras construyendo un hormiguero

‘The architectural army’ por Daniel Kronauer (Estados Unidos). Ganador 2019, Comportamiento: Invertebrados.
“Al atardecer, Daniel rastreó la colonia de hormigas guerreras nómadas mientras se movía, viajando hasta 400 metros (un cuarto de milla) a través de la selva cerca de la estación biológica La Selva, al noreste de Costa Rica. Cuando aún estaba oscuro, las hormigas usaban sus cuerpos para construir un nuevo nido diurno (bivouac) para alojar a la reina y a las larvas. Formaban un andamiaje de cadenas verticales (ver arriba a la derecha) entrelazando garras y extremidades y luego creaban una red de cámaras y túneles en los que las larvas y la reina eran trasladadas desde el último vivac. Al amanecer, la colonia enviaba grupos de asalto para recoger comida, principalmente de otras especies de hormigas. Después de 17 días en movimiento, la colonia se refugió, por ejemplo, en un tronco de árbol hueco, y se quedó quieta mientras la reina ponía más huevos, volviendo a vagar después de tres semanas. La forma de sus bivouacs temporales dependía de los alrededores, la mayoría en forma de cono o cortina y parcialmente ocluidos por la vegetación. Pero una noche, la colonia se reunió al aire libre, contra una rama caída y dos hojas grandes que estaban espaciadas uniformemente y de altura similar, lo que dio lugar a una estructura de 50 centímetros (20 pulgadas) que se asemejaba a “una catedral viviente de tres naves”. Daniel colocó muy suavemente su cámara en el suelo del bosque a pocos centímetros del nido, usando un gran angular para captar su entorno, pero teniendo cuidado de no molestar a unos pocos cientos de miles de hormigas guerreras. ‘No hay que respirar en su dirección ni tocar nada relacionado con el bivouac’, dice. El resultado fue una ilustración perfecta del concepto de una sociedad de insectos como superorganismo”.
Canon EOS 7D + objetivo f2.8 de 16–35mm a 16mm + anillo de extensión; 3.2 seg. a f22; ISO 100; flash Canon Speedlite.

Jaguar proyectado sobre el muro fronterizo entre México y Estados Unidos

‘Another barred migrant’ por Alejandro Prieto (México). Ganador 2019, Fotoperiodismo de vida silvestre: Imagen individual.
“Bajo el luminoso cielo repleto de estrellas de Arizona, una enorme imagen de un jaguar macho es proyectada sobre una sección de la simbólica valla de la frontera México-Estados Unidos—un símbolo, dice Alejandro, de “la pasada y futura existencia de los jaguares en los Estados Unidos”. Hoy en día, la mayoría de los jaguares está en el Amazonas, pero históricamente, el rango de este gran y poderoso gato incluía el suroeste de los Estados Unidos. Durante el siglo pasado, el impacto humano—de la caza, que fue prohibida en 1997 cuando los jaguares se convirtieron en una especie protegida, y la destrucción del hábitat—ha provocado que la especie prácticamente se haya extinguido en los Estados Unidos. Hoy en día, se sabe que dos jaguares machos habitan en las tierras fronterizas de Nuevo México y Arizona, probablemente provenientes de reservas en el noroeste de México. Sin embargo, al no haber registros recientes de una hembra—un cazador en Arizona disparó a la última hembra registrada en 1963—cualquier posibilidad de que se restablezca una población reproductora recae en la polémica frontera entre los dos países que permanece parcialmente abierta. Una frontera penetrable también es de vital importancia para muchas otras especies en riesgo, incluyendo los ocelotes sonorenses y los migrantes como los berrendos sonorenses. La fotografía que Alejandro proyectó es de un jaguar mexicano, capturado con trampas de cámara que ha estado colocando a ambos lados de la frontera y monitoreando por más de dos años. Esta toma del muro fronterizo fue creada para resaltar el plan del Presidente Trump de sellar toda la frontera entre Estados Unidos y México con un muro impenetrable y el impacto que tendrá en el movimiento de la vida silvestre, ya que marcaría el fin de los jaguares en Estados Unidos”.
Nikon D850 + objetivo Sigma f2.8 de 14–24mm a 16mm; 30 seg. a f2.8; ISO 1600; control remoto; tripié Gitzo; proyector Epson.

Bisonte americano en la nieve de Yellowstone

‘Snow exposure’ por Max Waugh (Estados Unidos). Ganador 2019, Blanco y negro.
“En una tormenta invernal en el Parque Nacional de Yellowstone, un solitario bisonte americano resiste la silenciosa tormenta de nieve. Retratándolo desde su vehículo, Max sólo pudo ver su figura en la ladera de la colina. Los bisontes sobreviven en los duros meses de invierno de Yellowstone alimentándose de pastos y juncos bajo la nieve. Balanceando sus enormes cabezas de un lado a otro, usando poderosos músculos del cuello–visibles en sus distintivas jorobas–barren la nieve para llegar al forraje de abajo. Reduciendo su velocidad de obturación para desdibujar la nieve y ‘pintar una cortina de líneas sobre la silueta del bisonte’, Max creó una imagen abstracta que combina la quietud del animal con el movimiento de la nevada. Una ligera sobreexposición para realzar la blancura y convertir la fotografía en blanco y negro acentúa la simplicidad de la escena”.
Canon EOS-1D X + objetivo f5.6 de 100–400mm a 200mm; 1/15 seg. a f22 (+1 e/v); ISO 100.

Chirúes migrando

‘Snow-plateau nomads’ por Shangzhen Fan (China). Ganador 2019, Animals in Their Environment
“Una pequeña manada de chirúes machos deja un rastro de huellas en una ladera cubierta de nieve en el desierto de Kumukuli, en la reserva natural nacional de Altun Shan, en China. Estos ágiles antílopes—los machos con cuernos largos, delgados y negros—son especialistas en altura, y sólo se encuentran en la meseta de Qinghai-Tibet. Para sobrevivir en elevaciones de hasta 5,500 metros, donde las temperaturas bajan a -40˚C, tienen un subpelaje único—shahtoosh (‘rey de las lanas’ en persa)—muy ligero, muy cálido y la razón principal detrás del drástico descenso de la especie. En algún punto, un millón de chirúes se extendieron a través de esta vasta meseta, pero la caza comercial en las décadas de 1980 y 1990 dejó sólo unos 70,000 individuos. La protección rigurosa ha dado lugar a un pequeño aumento de población, pero la demanda—principalmente de Occidente—sigue existiendo. Se necesitan de tres a cinco cueros para hacer un solo chal (la lana no se puede recoger de los antílopes salvajes, por lo que hay que matarlos). En invierno, muchos chirúes emigran al calor relativo del remoto desierto de Kumukuli. Durante años, Shangzhen ha hecho el arduo viaje a gran altitud para retratarlos. En este día el aire estaba fresco después de una fuerte nevada. Las sombras fluían desde las onduladas laderas alrededor de una cálida isla de arena hacia la que se dirigían los chirúes, dejando huellas trenzadas a su paso. Desde su posición privilegiada a un kilómetro de distancia), Shangzhen capturó los elementos contrastantes antes de que se desvanecieran en el calor del sol y la arena”.
Nikon D5 + objetivo f4 de 600mm; 1/1250 seg. a f6.3 (+0.3 e/v); ISO 125; tripié Gitzo GT5532S 6X.

Lava fluyendo hacia el Océano Pacífico

‘Creation’ por Luis Vilariño Lopez (España). Ganador 2019, Ambientes de la Tierra.
“La lava al rojo vivo fluye hacia el Océano Pacífico, produciendo enormes y nocivas columnas de neblina de lava—una mezcla de vapor ácido y partículas finas de vidrio—a medida que se encuentran con las olas estrepitosas. Esta fue la mayor erupción en 200 años de uno de los volcanes más activos del mundo, el Kîlauea, en la Isla Grande de Hawaii. Kîlauea comenzó a arrojar lava a través de 24 fisuras en la parte baja de su grieta oriental a principios de mayo de 2018. En cuestión de días, viajando a gran velocidad, la lava había llegado al Pacífico en la costa sureste de la isla y había comenzado la creación de un enorme delta de tierra nueva. Seguiría fluyendo por tres meses más. Para cuando Luis pudo contratar un helicóptero con permiso para sobrevolar la zona, la nueva tierra ya se extendía a más de 1,6 kilómetros de la costa. Luis tenía tiempo limitado para trabajar; el helicóptero tenía prohibido descender más de 1,000 metros y las nocivas nubes de vapor ácido llenaban el cielo. Había elegido volar a última hora de la tarde, para que la luz lateral revelara el relieve y la textura de la nube. Espesa neblina de lava cubría la costa, pero al caer el sol, hubo un cambio repentino en la dirección del viento y las nubes ácidas se apartaron para revelar una visión de las lagunas de lava y los ríos. Enmarcando su disparo a través de la puerta abierta del helicóptero, Luis capturó el límite de la colisión entre la roca fundida y el agua y el surgimiento de nuevas tierras”. 
Sony α7R III + objetivo f4.5–5.6 100–400mm a 196mm; 1/4000 seg. a f5.6; ISO 800.

Riku, un macaco japonés disfrazado

‘Show time’ por Jasper Doest (Países Bajos). Ganador 2019, Premio a la mejor historia de fotoperiodismo de vida silvestre.
“Durante los últimos 17 años, Riku, un macaco japonés capturado legalmente, ha interpretado comedias tres veces al día frente a grandes audiencias en el teatro Saru Gundan al norte de Tokio. Estos espectáculos muy populares, que atraen tanto a los locales como a los turistas, derivan del Sarumawashi (traducido como “baile de monos”), un arte tradicional japonés que ha existido durante más de 1,000 años. El atractivo de estos espectáculos contemporáneos radica en la apariencia antropomorfa de los macacos entrenados—invariablemente disfrazados—que se mueven por el escenario a dos patas realizando trucos e interpretando ridículas escenas con sus entrenadores humanos. La fotografía está prohibida en las exposiciones, por lo que Jasper tardó mucho tiempo en obtener permiso para tomar fotografías. Al grabar la actuación de Riku en el escenario —aquí con uno de los entrenadores vestido con una falda escocés—se sintió horrorizado al ver que animales tan inteligentes, que antes se consideraban sagrados, ahora son explotados para hacer reír a la gente. Riku finalmente se retiró en 2018.” 
Canon EOS 5D Mark IV + objetivo f2.8 de 24–70mm; 1/160 seg. a f10 (-1.7 e/v); ISO 2000.

Esfinge colibrí tomando néctar de una planta

‘Humming surprise’ por Thomas Easterbrook (Reino Unido). Ganador 2019, Menores de 10 años.
“De vacaciones con su familia en Francia, Thomas estaba cenando en el jardín en una cálida tarde de verano cuando escuchó un zumbido. El sonido provenía de las rápidas alas de una esfinge colibrí, flotando frente a una salvia otoñal, recolectando el néctar con su larga probóscide. Se dice que sus alas se mueven más rápido que las de los colibríes que polinizan la planta en su hogar nativo de México y Texas. La polilla se movía rápidamente de flor en flor y fue un reto enmarcar una foto. Pero Thomas lo logró, mientras capturaba la quietud de la cabeza de la polilla contra la borrosidad de sus alas”.
Sony DSC-HX400V + objetivo f2.8–6.3 de 24–210mm a 51mm; 1/320 seg. a f5; ISO 80.

Gelada hembra en Etiopía

‘Early riser’ por Riccardo Marchgiani (Italia). Ganador 2019, 15-17 años.
“Riccardo no podía creer su suerte cuando, al amanecer, este gelada hembra, con una cría de una semana aferrada a su vientre, subió por el borde del acantilado cerca de donde se encontraba. Estaba con su padre y un amigo en el altiplano del parque nacional de las Montañas Simien, en Etiopía, para observar geladas, un primate come-hierba que sólo se encuentra en la meseta etíope. Por la noche, los geladas se refugiaban en las escarpadas laderas de los acantilados, acurrucados en los salientes, saliendo al amanecer a pastar en los pastizales alpinos. Ese día, un par de horas antes del amanecer, el guía de Riccardo los llevó de nuevo al borde de un acantilado donde los geladas podrían emerger, dándole tiempo para ponerse en posición antes de que los geladas se despertaran. Estaba de suerte. Después de una hora de espera, justo antes del amanecer, un grupo comenzó a emerger no muy lejos del acantilado. En posición de movimiento, manteniendo una distancia respetuosa, y lejos del borde, Riccardo fue recompensado por esta hembra, que subió casi por delante de él. Disparando con un flash bajo para resaltar su rico pelaje marrón contra la aún oscura cordillera, captó no sólo su mirada lateral sino también los ojos de su inquisitivo bebé”.
Nikon D800E + objetivo f4 de 16–35mm a 30mm; 1/60 seg. a f8; ISO 100; flash Godox V860II-N.

Gran grupo de pingüinos emperador en la Antártida

‘The huddle’ por Stefan Christmann (Alemania). Ganador 2019, Premio al mejor portafolio de Wildlife Photographer of the Year.
“Más de 5,000 pingüinos emperadores machos se acurrucan contra el viento y el frío del final del invierno en el hielo marino de la bahía de Atka en la Antártida, frente a la plataforma de hielo de Ekström. Era un día tranquilo, pero cuando Stefan se quitó el guante para enfocar delicadamente la lente del cambio de inclinación, el frío ‘se sentía como agujas en las yemas de los dedos’. Cada macho emparejado lleva un precioso cargamento en sus pies: un solo huevo escondido bajo un pliegue de piel (la bolsa de cría) mientras se enfrenta al invierno más duro de la Tierra, con temperaturas que caen por debajo de -40˚C (-40˚F), fuertes vientos fríos y ventiscas intensas. Las hembras confían sus huevos a sus parejas para incubar y luego se dirigen al mar, donde se alimentan hasta por tres meses. Sus características físicas—incluyendo su grasa corporal y varias capas de plumas parecidas a escamas, erizadas sólo en los vientos más fuertes—ayudan a los machos a soportar el frío, pero la supervivencia depende de la cooperación. Las aves se acurrucan juntas, de espaldas al viento y con la cabeza hacia abajo, compartiendo su calor corporal. Los que están en el borde se separan y se arrastran por los flancos del grupo para llegar al lado más protegido, creando una procesión constante a través del cálido centro, con todo el grupo moviéndose gradualmente a favor del viento. El centro puede llegar a ser tan caliente que el grupo se rompe temporalmente para enfriarse, liberando nubes de vapor. Desde mediados de mayo hasta mediados de julio, el sol no sale por encima del horizonte, pero al final del invierno, cuando se tomó esta foto, hay unas horas de crepúsculo. Esa luz, combinada con la moderna tecnología de la cámara y una exposición prolongada, le permitió a Stefan crear una imagen tan brillante”.
Nikon D810 + objetivo de cambio de inclinación f2.8 de 45mm; 1/60 seg. a f11; ISO 800; tripié Gitzo 5562LTS + cabezal Novoflex CB5II.

Araña cangrejo imitando a una hormiga

‘Face of deception’ por Ripan Biswas (India). Ganador 2019, Retratos animales.
“Puede que parezca una hormiga, pero cuenta sus patas y observa esos palpos a cada lado de los colmillos doblados. Ripan estaba fotografiando una colonia de hormigas tejedoras rojas en el bosque subtropical de la Reserva de Tigres de Buxa, en Bengala Occidental, cuando vio a la extraña hormiga. De cerca, se dio cuenta de que era una pequeña araña cangrejo que imitaba a las hormigas, de sólo 5 milímetros de largo. Muchas especies de arañas imitan a las hormigas en apariencia y comportamiento, incluso en olor. Infiltrarse en una colonia de hormigas puede ayudar a una araña que desea comer hormigas o evitar ser devorada por ellas o por depredadores a los que no les gustan las hormigas. Esta araña en particular parecía estar cazando. Mediante el montaje inverso de su lente, Ripan la convirtió en una macro, capaz de tomar primeros planos extremos. Pero con la conexión eléctrica perdida entre el objetivo y la cámara, los ajustes tuvieron que ser ajustados manualmente, y el enfoque era complicado, ya que el visor se oscurecía mientras él estrechaba la apertura para maximizar la profundidad del campo. Aquí, la lente estaba tan cerca que el diminuto arácnido parece haber sido capaz de ver su reflejo y está levantando sus patas como una advertencia”. 
Nikon D500 + objetivo 18–55mm (montaje invertido); 1/160 seg.; ISO 200; flash Godox V860II.

Carneros rodeados de nieve en el Yukón

‘Frozen moment’ por Jérémie Villet (Francia). Ganador 2019, Premio de portafolio a estrella en ascenso. 
“Empujándose entre sí, dos carneros de Dall, con sus abrigos blancos de invierno, permanecen inmóviles al final de un feroz enfrentamiento en una ladera nevada y azotada por el viento. Durante años, Jérémie había soñado con fotografiar a carneros de montaña norteamericanos puros y blancos contra la nieve. Viajando al Yukón, alquiló una camioneta y pasó un mes siguiendo a los carneros de Dall durante la temporada de celo, cuando los machos maduros compiten por los derechos de apareamiento. En una escarpada cresta, estos dos carneros intentaron batirse en duelo, pero los fuertes vientos, una fuerte ventisca y el frío extremo (-40°) los obligaron a hacer una tregua. Yaciendo en la nieve, Jérémie también estaba luchando contra el clima brutal—no sólo se le congelaron los dedos, sino que el viento feroz le dificultaba mantener su lente estable. Tan decidido estaba a crear la fotografía que tenía en mente que continuó disparando los marcos, sin saber que sus pies estaban sucumbiendo a la congelación, de la que tardaría meses en recuperarse. Tenía una sola imagen nítida, pero esa era también la visión de sus sueños: los cuernos y los rasgos faciales clave de las ovejas de la montaña grabados en el lienzo blanco, su pelaje mezclándose con el paisaje de la nieve”.
Canon EOS 5D Mark IV + objetivo f2.8 de 400mm; 1/1600 seg. a f2.8 (+1.3 e/v); ISO 500.

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My Modern Met obtuvo permiso del Museo de Historia Natural – Wildlife Photographer of the Year para reproducir estas fotografías.

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