Las cariátides: una bella mezcla entre la escultura y la arquitectura que data de la antigüedad

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Fotos de stock por Anastasios71/Shutterstock

Cuando piensas en estatuas de mármol, ¿qué es lo primero que te viene a la mente? Lo más probable es que te imagines esculturas como la Venus de Milo y el David. Sin embargo, además de estas obras de arte decorativas, algunas creaciones de mármol también son funcionales, como la antigua cariátide.

Parte escultura femenina y parte elemento arquitectónico, la cariátide ha ayudado a sostener el peso de los edificios durante miles de años de forma creativa. Si bien fueron particularmente populares en la antigua Grecia, su lugar de origen, las cariátides continúan desdibujando la línea entre el arte y la arquitectura en la actualidad.

 

¿Qué es una cariátide?

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Fotos de stock por Gilmanshin/Shutterstock

Una cariátide es una figura femenina esculpida que también sirve como pilar, columna u otro elemento arquitectónico de apoyo. Una cariátide tradicional tiene un capitel (la parte superior de una columna) en su cabeza, aunque algunas también parecen estar sosteniendo el entablamento (el área decorada sobre una columna) con sus brazos.

El nombre “cariátide” proviene del griego karyatides, que quiere decir “mujeres de Carias”. Carias, una antigua ciudad del Peloponeso, tenía un templo dedicado a Artemisa Cariátide, un epíteto de la conocida diosa Artemisa. Para honrar a Artemisa Cariátide, las mujeres del Peloponeso a menudo realizaban danzas folclóricas con cestos de plantas en sus cabezas, una imagen que inspiró la estética de la cariátide.

“Como Cariátide”, explica C. Kerényi, un experto en mitología, “[Artemisa] se regocijó en los bailes de la aldea de árboles de nueces de Carias, aquellas cariátides, que en su baile redondo y extático cargaban en sus cabezas canastas de juncos vivos, como si fueran plantas danzantes”.

 

La historia de las cariátides

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Una cariátide del Tesoro de los Sifnios

Si bien su homónimo tiene sus raíces en Carias, las primeras cariátides conocidas tuvieron su origen en Delfos y datan del siglo VI a. C. Aquí, las cariátides se incorporaron a la arquitectura de los edificios destinados a albergar ofrendas, como el Tesoro de los Sifnios. En este sitio, la gente de Delfos llevaba regalos a Apolo, una importante deidad olímpica en la mitología griega y romana.

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Fotos de stock por Zina Seletskaya/Shutterstock

Dos siglos después, las cariátides más famosas de la historia se erigieron en la vecina Atenas. Estas seis esculturas sostenían el falso pórtico sur del Erecteón, un templo en la Acrópolis. Si bien estas figuras se parecen mucho entre sí, muestran diferentes posturas y tienen peinados, atuendos y rostros únicos. Hoy, unas réplicas ocupan su lugar; cinco de las esculturas originales están en el Museo de la Acrópolis y una está en el British Museum.

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(Foto: Wikimedia Commons CC BY-SA 3.0)

Al igual que otros elementos del arte clásico, las cariátides pasaron de moda en la Edad Media. Sin embargo, durante el Renacimiento italiano–una época ilustrada provocada por un renovado interés cultural en la antigüedad—los artistas revivieron este motivo. Sin embargo, en lugar de tallar cariátides para su uso en las fachadas de los edificios, los escultores comenzaron a incorporarlas en los interiores. Específicamente, las cariátides—y sus homólogos masculinos, los atlantes—fueron utilizados para soportar repisas, como la de la famosa chimenea en la Sala della Jole, una habitación del siglo XV en el Palacio Ducal de Venecia.

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Cariátides en el Museo de Ciencia e Industria de Chicago

Por siglos, los artistas se inspiraron en las figuras del Renacimiento y comenzaron a crear sus propias adaptaciones de cariátides. Los manieristas empleaban cariátides como un medio para experimentar y enfatizar los tapices; los carpinteros ingleses elaboraron exquisitas cariátides para elegantes interiores jacobinos; y, en Estados Unidos, los arquitectos del siglo XIX agregaron cariátides a los museos como un guiño a las raíces clásicas de la institución.

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Auguste Rodin, “Cariátide caída sosteniendo su piedra” c.1880-1 (Tate CC-BY-NC-ND)

Algunos destacados artistas modernos también incorporaron el motivo de la cariátide en su trabajo. Por ejemplo, en la década de 1880, el escultor francés Auguste Rodin, creó Cariátide caída sosteniendo su piedra para La puerta del infierno, una colosal escultura que retrata una historia de la Divina Comedia de Dante. Como muchas de las figuras que aparecen en este trabajo, Cariátide caída sosteniendo su piedra pasó por una evolución estilística a lo largo de los 37 años de diseño y construcción de la pieza. “La cariátide caída apareció por primera vez como una mujer pequeña y agachada en la parte superior de la pilastra izquierda de La puerta“, explica el Museo Metropolitano de Arte. “Alrededor de 1881 Rodin amplió la figura y agregó la piedra”.

Si bien no es el personaje más grande ni el más destacado en La puerta del infierno, Cariátide caída sosteniendo su piedra es uno de los más reconocidos. “Esta pequeña y ágil criatura” escribió un crítico en 1889, “de no más de dieciocho pulgadas de alto, es considerada por el escultor y sus amigos como una de sus mejores composiciones, y muchas copias se han hecho para este último en mármol y bronce”.

Aunque indudablemente se atribuye a la artesanía experta de Rodin y su diseño moderno, este análisis también habla del legado duradero de la cariátide, una tradición escultórica que ha sobrevivido miles de años y continúa cautivando a los amantes del arte gracias a su versatilidad.

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Regina Sienra

Regina Sienra es colaboradora y redactora en español para My Modern Met. Periodista y traductora originaria de la Ciudad de México. Es egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde cursó la licenciatura en Ciencias de la Comunicación con especialidad en Periodismo. Su pasión por escribir sobre las artes visuales, la música, el cine, la literatura y el teatro ha dado vida a una carrera de casi 10 años en diversos medios culturales de México, Estados Unidos y Canadá.
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