El circo, maroma y teatro de la lucha libre mexicana

Máscaras de lucha libre

Foto: Jonathan McIntosh vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

La lucha libre, caracterizada por piruetas aéreas, llaves a ras de lona y máscaras coloridas, es una práctica que trasciende su estatus de deporte. Más allá de la innegable proeza atlética de quienes la practican, la lucha libre una expresión cultural que se ha convertido en parte de la identidad mexicana con el paso del tiempo, por lo que incluso podría decirse que es un sinónimo de México en el resto del mundo. Aquí te presentamos un poco de su historia, así como los elementos que la convierten en un espectáculo tan especial.

 

Historia de la lucha libre mexicana

El origen de la lucha libre puede encontrarse en la antigua Grecia. En los Juegos Olímpicos originales existía una disciplina llamada pankrátion, o pancracio, que incluía elementos tanto del boxeo griego antiguo como de la lucha. A lo largo de los siglos, muchas otras naciones adaptaron este deporte, incluyendo a Japón, China e India.

Los inicios de la lucha libre en México se remontan al siglo XIX, durante la intervención francesa. Era común que los europeos realizaran demostraciones de lucha grecorromana para mostrar su fuerza. La práctica se volvió más aceptada después de la Revolución mexicana, aunque era vista más como un espectáculo circense que como un deporte.

En un principio, la lucha libre no era del todo popular. Sin embargo, todo cambió con la ayuda de Salvador Lutteroth, hoy conocido como el “padre de la lucha libre mexicana”. Tras presenciar un espectáculo de lucha en El Paso, Texas, el ex soldado revolucionario quedó encantado y decidió fundar la Empresa Mexicana de Lucha Libre (EMLL) en 1933 con la intención de promover el deporte en su país. La EMLL creó su propia escuela de luchadores para formar talentos locales y, tras ganarse la lotería dos veces, Lutteroth mandó a construir la Arena México, ubicada en la colonia Doctores.

Blue Demon, luchador mexicano

Blue Demon, 1966. (Foto: Instituto Nacional de Antropología e Historia, México [CC BY-NC-ND 4.0])

Los años 50 son considerados la “época de oro” de la lucha libre, y durante este periodo surgieron algunas de las más grandes figuras de la historia del deporte. Desde El Solitario hasta el Cavernario Galindo y Blue Demon, los luchadores empezaron a convertirse en celebridades, quienes a menudo se mantenían en el anonimato con el uso de máscaras.

Sin embargo, puede que no haya luchador más mítico que El Santo. Este luchador con máscara plateada, cuyo nombre real era Rodolfo Guzmán, estuvo en activo durante cuatro décadas, y nunca fue desenmascarado. Sin embargo, el Santo no solo se limitó al ring: a lo largo de su carrera fue el gran protagonista de historietas y películas, convirtiéndose en una especie de superhéroe de la vida real que el cronista mexicano Carlos Monsiváis describió como “la mezcla exacta de tragedia clásica, circo, deporte olímpico, comedia, teatro de variedad y catarsis laboral”.

 

Un deporte teatral

Luchadores enmascarados durante una pelea

Foto: Carlos Adampol Galindo vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0)

Además de ser un disciplina deportiva, la lucha libre tiene muchos elementos que la convierten en todo un espectáculo. Los luchadores suelen dividirse en dos bandos: rudos y técnicos. Los rudos tienen un estilo de lucha más agresivo y es común que hagan trampa para ganar. Los técnicos, en cambio, respetan las reglas dentro del ring, y sus movimientos son mucho más precisos y complejos. En esta lucha del bien contra el mal juega un papel importante la tribuna: hay aficionados de ambos bandos, y los gritos, vitoreos y abucheos de la multitud son una parte esencial de la experiencia de ir a las luchas.

La lucha libre no puede entenderse sin las máscaras. No solo se han convertido en un rasgo característico de los luchadores que las portan, sino también en un símbolo de mexicanidad en el mundo. Los luchadores enmascarados quedan envueltos en un halo de misterio, aún cuando se convierten en celebridades fuera del ring—de hecho, muchos pasan sus carreras enteras sin mostrar su rostro al público.

La máscara es un símbolo tan importante que puede apostarse en combate. Perder la máscara ante un oponente es visto como el máximo insulto, y el luchador derrotado debe despojarse de su máscara para siempre. Es importante mencionar que no todos los luchadores usan máscaras: así, si un luchador sin máscara quiere hacer una apuesta, lo normal es que apueste su cabellera. Si pierde, deberá rasurarse en el momento.

 

La lucha libre hoy

Mural de lucha libre en la estación Guerrero del Metro de la Ciudad de México

Foto: Juan Carlos Fonseca Mata vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

De acuerdo con una encuesta realizada en 2017, la lucha libre es uno de los cinco deportes más populares en México. Esta disciplina es particularmente especial para los habitantes de la Ciudad de México: por ello, en 2017 se inauguró la exposición Leyendas de la lucha libre en la estación Guerrero del metro capitalino. Con una extensión de más de 2,000 metros cuadrados, los murales conmemoran a 45 de los luchadores más emblemáticos de la historia.

Además, en 2018 la lucha libre fue declarada Patrimonio Cultural Intangible de la Ciudad de México. Así, se reconoce y se celebra la importancia de la lucha libre en la cultura popular mexicana, cuyos colores y emociones han dado la vuelta al mundo.

 

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Sofía Vargas

Sofía Vargas es redactora en español para My Modern Met. Originaria de la Ciudad de México, es licenciada en Lenguas Modernas y tiene un Máster en Gestión Cultural por la Universidad Carlos III de Madrid. A lo largo de su carrera ha trabajado para varias instituciones culturales y ferias de arte en México. Además de escribir, Sofía dedica su tiempo a explorar otras prácticas artísticas, como la cerámica y la ilustración.
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