MALBA: La historia y lo que tienes que ver en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires

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Fotos de stock por Gedgerardo/Shutterstock

El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires–mejor conocido por sus siglas, MALBA–es una de las instituciones culturales más importantes de América Latina. Este recinto, ubicado en la zona de Barrio Norte de la capital argentina, alberga una impresionante colección de arte latinoamericano de que abarca desde principios del siglo XX hasta la actualidad.

El museo fue inaugurado en septiembre de 2001; sin embargo, su historia se remonta a 1970, cuando Eduardo F. Costantini, fundador del museo, inició una colección de arte. Para 1990, la Colección Constantini era una de las más reconocidas de América Latina y podía ser visitada por especialistas, además de que realizaba préstamos a museos de América y Europa. Durante esta década, la colección fue expuesta al público en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, así como el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo. 

Con el paso del tiempo, sus pretensiones museísticas aumentaron, y en 1998, surgió la posibilidad de comprar un terreno para la construcción del museo, por lo que se lanzó un concurso para diseñar el recinto. El ganador fue el estudio Atelman-Fourcade-Tapia, compuesto por tres arquitectos argentinos. Tres años después, el museo abrió sus puertas, dando inicio a la historia de un espacio dinámico que desde entonces ha conquistado los corazones de los porteños y los turistas por igual. Incluso el New York Times lo considera uno de los lugares indispensables para visitar en Buenos Aires, al considerarlo uno de los mejores museos del continente gracias a su vibrante colección permanente.

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Fotos de stock por Cavan-Images/Shutterstock

Qué ver en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA)

Si bien el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires alberga alrededor de 400 obras, que van desde medios tradicionales como pintura y escultura hasta propuestas modernas como instalación, video animación y fotografía intervenida, estas 6 obras son las joyas de la corona del museo.

Abaporu (1928) de Tarsila do Amaral

 

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“Quiero ser la pintora de mi país”, escribió Tarsila do Amaral desde París–donde estudiaba pintura en la célebre Académie Julian–en 1923. Cinco años después, pintó Abaporu como regalo de cumpleaños para Oswald de Andrade, su esposo de ese entonces. La pintura fue un punto de inflexión para el arte brasileño: partiendo de los principios de la vanguardia europea, do Amaral creó una hipnótica pieza con elementos de la cultura brasileña, concibiendo así un estilo inédito. Se estima que Abaporu–cuyo nombre significa “hombre que come hombre” en la lengua tupí-guaraní–vale unos 40 millones de dólares, convirtiéndola en la obra más valiosa creada por un artista brasileño.

 

Autorretrato con chango y loro (1942) de Frida Kahlo

 

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Autorretrato con chango y loro (1942) fue creado durante uno de sus periodos más prolíficos de Frida Kahlo, ya que la artista había aumentado su producción con la esperanza de vivir de la pintura. “El autorretrato de Kahlo de 1942 está ejecutado con pinceladas rigurosamente controladas […] típicas de las pinturas que completó en la cumbre de su carrera”, dice el museo. A pesar de que los animales que la acompañan vivían en la Casa Azul que compartían Diego Rivera y Frida Kahlo en la Ciudad de México, Kahlo se basó en fotografías para pintarlos, ya que encontraba difícil pintar a los inquietos monos. El ave podría estar inspirado en un loro mascota que murió el año anterior a la creación de esta pintura.

 

Manifestación (1934) de Antonio Berni

 

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MALBA señala a Manifestación como una obra fundacional del nuevo realismo, y reconoce su destreza para capturar el clima social de la época: Argentina (y el mundo) a mediados de la década de 1930, entre sacudidas económicas, luchas ideológicas y la amenaza de una guerra. El enfoque de Antonio Berni, quien hizo de la temática social el hilo conductor de su obra, no retrata a una masa uniforme, sino a un grupo de personas en primer plano cuyas expresiones van de la melancolía a la rabia. La pintura presenta claras influencias del muralismo mexicano, en especial de las formas y trazos que caracterizan la obra de David Alfaro Siqueiros.

 

Retrato de Ramón Gómez de la Serna (1915) de Diego Rivera

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Diego Rivera, “Retrato de Ramón Gómez de la Serna”, 1915. (Foto: Wikimedia Commons Dominio público)

Antes de convertirse en la gran figura del muralismo mexicano, Diego Rivera tuvo un acercamiento al cubismo. El Retrato de Ramón Gómez de la Serna–pieza protagonizada por un prolífico periodista y escritor español–fue pintado en Madrid en 1915, y captura el periodo en que Rivera empezó a desprenderse de esta corriente. “Diego había abandonado la ortodoxia del cubismo para componer con planos texturados de colores vibrantes y complementario”, afirma el museo. “La de Rivera fue una forma híbrida de cubo-futurismo de la que se sirvió para explorar la ‘pluralidad de tiempos’ de sus retratados, como se observa en este caso en las manos y los ojos, que aluden a distintos movimientos/momentos de las acciones del escritor”.

 

El viudo (1968) de Fernando Botero

 

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El viudo fue una de las primeras obras de  Fernando Botero en ganar reconocimiento mundial, y marcó el inicio de su éxito comercial en Nueva York. Botero es el artista visual colombiano más famoso de todos los tiempos, y su obra siempre ha estado intrínsecamente conectado con los valores de su país. “Lejos de remitir a la desgracia o ser entristecedora […] la pintura parece hacer risible la fría e inexperta actitud maternal de un padre en una sociedad que otorga este rol con exclusividad a la mujer. De esta forma, el amor y la muerte como temas de la narrativa latinoamericana coinciden con la tragicomedia que Botero plantea en esta imagen”, afirma el equipo de MALBA. La disposición del cuadro apunta a que la obra está basada en Las Meninas, un motivo que Botero ha explorado en múltiples ocasiones.

 

Ícono (1945) de Remedios Varo

Icono, obra de Remedios Varo no MALBA de Buenos Aires

Remedios Varo tomó elementos de su etapa entre las grandes figuras del surrealismo europeo para confeccionar un imaginario propio con bases oníricas. Ícono–una obra con varios niveles de significado, tanto literal como metafórico–está alojada en un pequeño altar que recuerda a la usanza bizantina, con dos puertas decoradas y grabadas que la resguardan. “Estas características dan relevancia a esta pieza por el recurso expresivo de la presencia de una intrincada simultaneidad de elementos diversos. Éste es un tópico emblemático en la obra de esta artista”, señala MALBA.

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Regina Sienra

Regina Sienra es colaboradora y redactora en español para My Modern Met. Periodista y traductora originaria de la Ciudad de México. Es egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde cursó la licenciatura en Ciencias de la Comunicación con especialidad en Periodismo. Su pasión por escribir sobre las artes visuales, la música, el cine, la literatura y el teatro ha dado vida a una carrera de casi 10 años en diversos medios culturales de México, Estados Unidos y Canadá.
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