Todo lo que debes saber sobre las enigmáticas cabezas olmecas

Cabeza colosal olmeca en Tabasco

Foto: Fotos de stock de jejim/Shutterstock

México está lleno de vestigios arqueológicos que ofrecen una mirada a las grandes civilizaciones que lo habitaron en el pasado. Una de las más antiguas es la cultura olmeca, que se extendió por el oriente del país miles de años antes de la llegada de los españoles. Hoy en día seguimos descubriendo nueva información sobre esta antigua civilización a través de artefactos y ruinas arqueológicas. Sin embargo, pocos han cautivado la imaginación del público como las cabezas colosales halladas en la zona.

Estas enormes esculturas están envueltas en misterio. Hasta hoy se conocen solo 17 ejemplares—10 en San Lorenzo, cuatro en La Venta y tres en Tres Zapotes y zonas aledañas—y ninguna es igual a otra. Aquí te presentamos la historia y el significado de estas cabezas colosales, empezando por la civilización que las creó.

 

¿Quiénes fueron los olmecas?

Cabezas olmecas en Veracruz

Foto: Fotos de stock de Matt Gush/Shutterstock

A menudo considerada la “cultura madre” de Mesoamérica, la civilización olmeca se desarrolló en el golfo de México (particularmente Veracruz y Tabasco) y llegó a su máximo apogeo entre el año 1100 y 900 a.C. Durante este tiempo desarrollaron tres centros poblacionales importantes: San Lorenzo, La Venta y Tres Zapotes.

No hay un consenso académico sobre el origen de la civilización olmeca; lo que sí sabemos es que desarrollaron una gran red comercial a lo largo de Mesoamérica, lo que ayudó a difundir aspectos claves de su cultura. Su influencia en civilizaciones posteriores incluye el culto a la serpiente emplumada y al jaguar, así como su estilo artístico. Además, se cree que fueron los primeros mesoamericanos en idear un calendario y un sistema de escritura.

 

Descubrimiento de las cabezas colosales

Cabeza monumental Olmeca en una zona arqueológica

Cabeza monumental olmeca en una zona arqueológica, c. 1955. (Foto: Casasola vía Instituto Nacional de Antropología e Historia, México [CC BY-NC-ND 4.0])

En 1862, el explorador y coleccionista José María Melgar y Serrano dio con la primera cabeza olmeca en la Hacienda de Hueyapan, Veracruz, hoy conocida como Tres Zapotes. Eventualmente fue hallada otra escultura en el sitio, y ambas pasarían a ser conocidas como “Monumento A” y “Monumento Q”.

Aunque ya se habían descubierto este y otros monumentos olmecas, la contextualización de esta cultura se le atribuye al arqueólogo y etnólogo estadounidense Matthew Stirling. Con ayuda de Philip Drucker, Stirling realizó la excavación del sitio arqueológico de La Venta, Tabasco, entre 1938 y 1946. Además de las cabezas colosales, Stirling descubrió buena parte de los monumentos de la ciudad prehispánica, incluyendo altares, tumbas y un mosaico del dios jaguar. Anteriormente, los artefactos encontrados en la zona del golfo de México se habían atribuido a los mayas, si bien sus características no encajaban del todo con lo que ya se conocía de esa cultura. En su investigación, Stirling concluyó que esta civilización era mucho más antigua: de hecho, era probable que se tratara de la cultura madre de Mesoamérica, precediendo incluso a los mayas.

 

El misterio de las cabezas olmecas

Cabeza olmeca en el Museo Nacional de Antropología

Cabeza olmeca en el Museo Nacional de Antropología. (Foto: Fotos de stock de Anton_Ivanov/Shutterstock)

Los monolitos olmecas representan uno de los grandes enigmas mesoamericanos por varias razones. Por un lado está su tamaño colosal. Las esculturas están hechas de basalto—una especie de roca volcánica—y las canteras se encuentran a decenas de kilómetros de las principales ciudades olmecas donde fueron encontradas. Considerando que las esculturas tienen una altura de hasta tres metros y un peso promedio de 25 toneladas, es difícil explicar cómo los olmecas lograron trasladar las rocas con la tecnología de la época.

El tema de quiénes son y cuál es el origen de las personas retratadas también ha sido motivo de especulación. Basándose en las facciones de las esculturas, Melgar y Serrano teorizó que la civilización olmeca provenía de África, diciendo: “Reflexioné que indudablemente había habido negros en este país (México), y esto había sido en los primeros tiempos del mundo”. Sin embargo, la arqueóloga Ann Cyphers señala que Melgar probablemente solo estaba buscando referentes culturales para describir una civilización hasta entonces desconocida. Hasta ahora no se han encontrado ningún tipo de artefactos africanos importados en sitios olmecas, y no se ha encontrado ADN africano en los entierros descubiertos.

Entonces ¿a quiénes representan estas esculturas? Cyphers—quien descubrió la última cabeza olmeca—señala que es probable que sean retratos de los antiguos gobernantes, creados con el propósito de exaltar su grandeza y poderío. Además, las cabezas colosales ofrecen una mirada a las modificaciones craneofaciales a las que se sometían los niños olmecas antes del año y medio de edad. Estas modificaciones buscaban ensanchar la caja ósea del cráneo para conseguir ciertas características deseables; específicamente, la nariz ancha, el parietal plano y la comisura de la boca hacia abajo. Así, las cabezas colosales siguen ofreciendo pistas para desenterrar las muchas incógnitas sobre esta gran civilización.

 

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Sofía Vargas

Sofía Vargas es redactora en español para My Modern Met. Originaria de la Ciudad de México, es licenciada en Lenguas Modernas y Gestión Cultural por la Universidad Anáhuac. A lo largo de su carrera ha trabajado para varias instituciones culturales y ferias de arte en México. Además de escribir, Sofía es una apasionada de la cocina y dedica su tiempo a desarrollar otras habilidades artísticas, como la cerámica y la ilustración.
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