Yayoi Kusama y su amor eterno por las calabazas

 

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Yayoi Kusama es una de las figuras más conocidas del arte contemporáneo. A lo largo de su ilustre carrera, la artista japonesa ha desarrollado una estética distintiva caracterizada por su paleta de colores vibrantes, uso de formas orgánicas y, por supuesto, lunares. Todo esto está presente es sus representaciones de calabazas, una colección de piezas que celebra la “generosa sencillez” de este vegetal.

El amor de Kusama por las calabazas nació durante su infancia y ha dado forma a su práctica artística durante más de 70 años. Ya sea que aparezcan como dibujos detallados, esculturas públicas o instalaciones inmersivas, las representaciones estilizadas de la humilde calabaza de Kusama se han convertido en algunas de sus piezas más conocidas, y se encuentran entre las obras maestras más icónicas del arte contemporáneo.

 

Raíces de la infancia

 

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El amor de Kusama por las calabazas se remonta a su infancia en Matsumoto, Japón. Nacida en una familia de agricultores en 1929, Kusama comenzó a dibujar calabazas cuando era una estudiante de primaria. Fue también durante esa época que la artista comenzó a tener alucinaciones, que ella señala como la inspiración detrás de muchos de sus motivos distintivos: lunares, flores y, por supuesto, calabazas.

A diferencia de los lunares y las flores—cuyas formas alucinatorias asustaban a la pequeña artista—Kusama encontró consuelo en las calabazas, señalando que quedó “encantada con su forma cautivadora y atractiva” desde su primer encuentro. “La primera vez que vi una calabaza fue cuando estaba en la escuela primaria y fui con mi abuelo a visitar un gran terreno de cosecha de semillas”, recuerda Kusama en Infinity Net, su autobiografía. “Y ahí estaba: una calabaza del tamaño de la cabeza de un hombre… Inmediatamente comenzó a hablarme de manera muy entusiasta”.

 

 

Interés floreciente

Yayoi Kusama

Mucho más que un interés infantil, el amor de Kusama por estos vegetales duró hasta bien entrada su adolescencia. De hecho, a la edad de 17 años, hizo pública su afición por las calabazas con Kabocha, una pintura de estilo Nihonga que expuso en una exposición itinerante. Sin embargo, después de hacer su gran debut, el motivo de la calabaza desapareció del portafolio de Kusama durante décadas, ya que decidió dedicarse de lleno al performance.

No obstante, en los años 70 y 80, Kusama redescubrió su interés artístico por la calabaza. Durante este periodo, comenzó a crear pinturas, grabados y dibujos inspirados en este tema. Además de sus distintivas cáscaras de lunares, paleta de colores vivos y siluetas bulbosas, sus calabazas (que hasta el día de hoy permanecen inalteradas) son reconocibles por su antropomorfismo—una característica que tal vez pueda atribuirse a sus anteriores alucinaciones de una calabaza parlante. “Me encantan las calabazas”, dijo la artista en 2015, “por su forma graciosa, su sentimiento cálido y su calidad humana”.

 

Motivo maduro

Escultura de calabaza de Yayoi Kusama

Fotos de stock de hedgehog111/Shutterstock

Aunque Kusama logra transmitir con éxito esta “cualidad humana” en sus obras sobre papel o lienzo, sus calabazas realmente cobran vida cuando son llevadas a un medio tridimensional. En los años 90, la artista se dio cuenta de las posibilidades escultóricas de la calabaza al incorporarla a una de sus famosas Mirror Rooms, o salas de espejos, una serie de instalaciones interactivas que invitan al espectador a pasear por entornos surrealistas.

Kusama creó Mirror Room (Pumpkin) para una exposición en 1991 en la Fuji Television Gallery, un espacio que ayudó a a popularizar el arte contemporáneo en Japón. Para crear Mirror Room (Pumpkin), Kusama cubrió las paredes, el suelo y el techo de una habitación con una capa de pintura amarilla adornada con lunares negros. En el centro del espacio, instaló un cubo con espejos lleno de calabazas de papel maché. Al mirar a través de una abertura en forma de mirilla, los visitantes podían contemplar este huerto de calabazas improvisado que, debido al interior reflectante del cubo, parecía no tener fin.

En 1994, Kusama regresó a la escultura para canalizar su amor por las calabazas. Esta vez, sin embargo, optó por imaginar a su musa como una escultura masiva e independiente. Situada al final de un muelle en el Benesse Art Site—una organización de arte con sede en la isla de Naoshima conocida por su colección de arte contemporáneo—esta calabaza amarilla con lunares ha desempeñado un papel fundamental en la carrera de Kusama y en su legado en el arte contemporáneo. Además de inaugurar la célebre colección de la isla, la pieza sentó las bases para las esculturas al aire libre de Kusama, que continúa realizando hoy en día.

 

Las calabazas de Kusama hoy en día

Sala de espejos con calabazas por Yayoi Kusama

Fotos de stock de ephst/Shutterstock

Kusama ha creado varias obras de arte de calabaza desde que comenzó el nuevo milenio. En 2016 y 2017, respectivamente, debutó dos nuevas salas de espejos inspiradas en calabazas, tituladas All the Eternal Love I Have for the Pumpkins (Todo el amor eterno que tengo por las calabazas) y The Spirits Of The Pumpkins Descended Into The Heavens (Los espíritus de las calabazas descendieron a los cielos). Además de ilustrar su amor de toda la vida por las calabazas, estas instalaciones retoman varios de los temas característicos de Kusama, incluyendo “el infinito, lo sublime y la repetición obsesiva“. Juntos, estos elementos contribuyen a crear a una experiencia inmersiva para los visitantes.

Además de estas instalaciones itinerantes, las esculturas de calabazas de Kusama han aparecido en espacios públicos y colecciones privadas de todo el mundo, desde el Museo al Aire Libre de Kirishima en la prefectura de Kagoshima hasta la Finca Donum en la región vitivinícola de California. ¿Lo mejor de todo? Es probable que la colección de calabazas de Kusama siga creciendo, ya que esta artista de 90 años no tiene intención de dejar de producir piezas. “Mi deseo de crear calabazas aún vive”, reveló en 2015. “Me entusiasman como si todavía fuera una niña”.

 

Yayoi Kusama: Sitio web

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Sofía Vargas

Sofía Vargas es redactora en español para My Modern Met. Originaria de la Ciudad de México, es licenciada en Lenguas Modernas y tiene un Máster en Gestión Cultural por la Universidad Carlos III de Madrid. A lo largo de su carrera ha trabajado para varias instituciones culturales y ferias de arte en México. Además de escribir, Sofía dedica su tiempo a explorar otras prácticas artísticas, como la cerámica y la ilustración.
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