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6 Obras maestras de Bartolomé Esteban Murillo que debes conocer

Autorretrato de Sebastián Esteban Murillo

“Autorretrato”, 1670-1672 (Foto: Wikimedia Commons Dominio público)

Existen pocos pintores tan representativos del Barroco español como Bartolomé Esteban Murillo. Este pintor sevillano –una de las figuras centrales del Siglo de Oro– gozó de una gran popularidad tanto en España como en el resto de Europa. Católico devoto, Murillo se dedicó en gran medida a la pintura religiosa; sin embargo, también es conocido por sus pinturas de género, en las que retrató a la gente común con un naturalismo sin precedentes.

A continuación exploraremos 6 de las pinturas más famosas de Murillo, desde el tenebrismo de sus primeras obras hasta las piezas serenas y vaporosas de sus últimos años.

Echa un vistazo a 6 de las obras más importantes y sorprendentes de Bartolomé Esteban Murillo.

 

Joven mendigo (1645-1650)

Joven méndigo de Bartolomé Esteban Murillo

“Joven mendigo”, 1645-1650. (Foto: Wikimedia Commons Dominio público)

Bartolomé Esteban Murillo nació en la ciudad de Sevilla en 1617. El menor de 14 hermanos, Murillo quedó huérfano de padre y madre a la edad de 9 años. Esto, además de la miseria que se vivía en las calles de Sevilla durante el Siglo de Oro, podría explicar su afinidad hacia retratar escenas de niños en situaciones precarias, tema al que regresó una y otra vez a lo largo de su vida.

Joven mendigo, también conocido como Niño espulgándose, es la primera representación de un niño de la calle en la obra de Murillo. La pintura retrata con gran detalle los harapos y la suciedad de un pequeño mientras se despioja; a sus pies yacen una canasta con manzanas y una vasija, casi como si fuera un bodegón. Su uso magistral del claroscuro, sin duda inspirado por Caravaggio, se traduce en un fuerte contraste de luz y sombras que realza la pose agraciada del pequeño.

 

La Sagrada Familia del pajarito (c. 1650)

Sagrada Familia del pajarito de Bartolomé Esteban Murillo

“La Sagrada Familia del pajarito”, 1645-1650. (Foto: Wikimedia Commons Dominio público)

Murillo gravitó naturalmente hacia la representación de escenas religiosas, muy probablemente debido a sus convicciones personales, la gran demanda por parte de la clientela local y las posibilidades narrativas que ofrecía. Sus pinturas suelen ser de carácter tierno, y a menudo mezclan elementos devotos con la naturalidad de lo cotidiano.

La Sagrada Familia del pajarito es un gran ejemplo de este enfoque. En el cuadro, Murillo retrata una escena de la infancia de Jesús. A diferencia de la mayoría de las representaciones de la Sagrada Familia, José juega un papel central en la pintura, tanto a nivel narrativo como de composición. Por su parte, el Niño Jesús juega con un ave, mientras que su madre lo mira con cariño. Se trata de una imagen naturalista, donde la tranquilidad y el gozo doméstico ocupan un lugar tan importante como lo divino.

 

Mujeres en la ventana (1655-1660)

Mujeres en la ventana de Bartolomé Esteban Murillo barroco español

“Mujeres en la ventana”, 1655-1660. (Foto: Wikimedia Commons Dominio público)

Las pinturas religiosas de Murillo gozaron de mucho éxito durante su vida, por lo que buena parte de su producción artística se centra en este tema. Sin embargo, muchas de sus pinturas capturan también el encanto de la vida cotidiana, siendo Mujeres en la ventana uno de los ejemplos más famosos.

En esta pieza, una mujer mayor cubre su sonrisa mientras que una muchacha más joven se recarga en el alféizar de la ventana. La diferencia de edades podría indicar de que se trata de una chaperona y la joven bajo su encargo, algo común entre la alta sociedad española de la época. Las mujeres miran directamente al espectador, como si este estuviera caminando por la calle frente a ellas. El tamaño de las figuras, así como el marco de ventana pintado, crea un efecto de trampantojo que hace que parezca que las mujeres podrían salir del cuadro en cualquier momento.

 

El buen pastor (c. 1660)

El buen pastor de Bartolomé Esteban Murillo

“El buen pastor”, c. 1660. (Foto: Wikimedia Commons Dominio público)

Murillo fue un exitoso pintor de temas infantiles. Si bien sus pinturas costumbristas de niños han pasado a la historia, igualmente importantes fueron sus representaciones del Niño Jesús, tal como lo demuestra El buen pastor. El Niño Jesús reposa su mano sobre una oveja perdida en representación de que, según la tradición cristiana, Jesucristo cuida y salva a su pueblo. Al fondo de la pintura vemos al resto del rebaño en una nube vaporosa, así como ruinas clásicas; esto, según la iconografía cristiana, representa el paganismo vencido.

Este tipo de imágenes fueron todo un éxito entre la sociedad sevillana de la época, especialmente por la ternura y dulzura con la que Murillo representa al Niño.

 

El regreso del hijo pródigo (1667-1670)

El regreso del hijo pródigo de Bartolomé Esteban Murillo

“El regreso del hijo pródigo”, 1667-1670. (Foto: Wikimedia Commons Dominio público)

El final de la década de 1660 fue una época muy productiva para Murillo. En 1667 comenzó a trabajar para la Hermandad de la Caridad, una de las mayores cofradías de Sevilla. Ellos le encargaron hacer una serie de pinturas para decorar su nueva iglesia, todas en torno al tema de la misericordia.

Murillo produjo ocho pinturas para la Hermandad, incluyendo El regreso del hijo pródigo. Esta pieza, que representa el acto de vestir al desnudo, retrata el abrazo protector de un padre que perdona a su hijo rebelde, mientras un sirviente le ofrece ropa nueva. La dramática escena es una alegoría del arrepentimiento y perdón divino, y posee una cualidad casi teatral característica del trabajo posterior del artista.

 

La Inmaculada Concepción de los Venerables (c. 1678)

Inmaculada de Soult de Bartolomé Esteban Murillo

“Inmaculada de los Venerables”, c. 1678. (Foto: Wikimedia Commons dominio público)

La Inmaculada Concepción de los Venerables, o de Soult, es una de las más de 20 representaciones que Murillo hizo sobre este tema. Esta fue una de las últimas Inmaculadas que pintó con la fórmula que llevaba años perfeccionando: la Virgen vestida de blanco y azul, con las manos sobre el pecho, la Luna a sus pies y la mirada hacia arriba.

Con una ligereza extraordinaria, la Virgen parece elevarse hacia los cielos en un espacio lleno de ángeles y nubes. De esta manera, Murillo combina dos de los cultos cristianos más populares de la época: el de la Inmaculada Concepción y el de la Asunción. La delicadeza de sus pinceladas, así como el realismo de sus rostros, ha convertido a las pinturas de esta serie en algunas de las más representativas no solo del trabajo de Murillo, sino del arte barroco español.

 

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