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Conoce la pintura que desencadenó el movimiento impresionista

Monet - Impresión, sol naciente, la primera pintura impresionista

Claude Monet, “Impresión, sol naciente,” 1872 (Foto: Wikimedia Commons Dominio público)

Hoy en día, el impresionismo es considerado uno de los estilos pictóricos más populares y prevalentes de la historia. Considerado el catalizador del arte moderno, el movimiento impresionista jugó un papel crucial en la historia del arte, y su influencia es evidente en una gran variedad de prácticas artísticas.

Con un legado tan impresionante, puede que te estés preguntando qué fue lo que inició todo. A diferencia de la mayoría de los movimientos artísticos, que se desarrollaron con el tiempo, se cree que el impresionismo comenzó en la década de 1870 con una sola pintura: Impresión, sol naciente, un delicado paisaje pintado por el famosísimo Claude Monet.

Conocido como el “padre del impresionismo”, Monet fue uno de los miembros claves de este movimiento artístico. El pintor francés ya era un artista establecido al momento de completar Impresión, sol naciente, pero su trabajo previo muestra muchas de las características que eventualmente definirían al impresionismo. Con esto en mente, no es ninguna sorpresa que fuera él quien oficialmente daría inicio al movimiento impresionista.

 

Monet antes del impresionismo

Monet antes del impresionismo

Claude Monet, “La Grenouillère,” 1869 (Foto: Wikimedia Commons Dominio público)

Claude Monet nació en París, Francia, en el año 1840. Cuando tenía cinco años, su familia se mudó a El Havre, una pequeña ciudad costera en Normandía. Fue ahí donde Monet desarrolló su interés por el arte, algo que fue impulsado tras su inscripción a una escuela de artes en 1851. Incluso cuando era adolescente, el trabajo de Monet ya era muy popular; los lugareños compraban regularmente sus preciados estudios de carbón.

En 1856, bajo la tutela del también futuro impresionista Eugène Boudin, Monet empezó a pintar con óleos y en plein air, o al aire libre—dos hábitos que conservaría el resto de su vida. “Nunca he tenido [un estudio]”, confesó Monet, “y personalmente no entiendo por qué a alguien le gustaría encerrarse en una habitación. Tal vez para dibujar, pero no para pintar”.

En 1861, Monet fue enviado a Algeria para hacer su servicio militar. Durante sus siete años en el norte de África, el artista desarrolló un gusto particular por la luz y el color. Al regresar a Francia, siguió incorporando colores brillantes a sus pinturas, que aplicaba con pinceladas rápidas y expresivas sobre el lienzo para capturar “impresiones” de sus alrededores.

Rechazando completamente los gustos tradicionales de la prestigiosa Academia de Bellas Artes de París, la aproximación de Monet a la pintura transformó el arte del siglo XIX, siendo Impresión, sol naciente un punto de inflexión.

 

El puerto de El Havre e Impresión, sol naciente

Primera pintura impresionista

Claude Monet, “El puerto de El Havre, efecto nocturno” 1873 (Foto: Wiki Art Dominio público)

Monet visitó El Havre en 1872. Durante este viaje, el artista completó una serie de seis pinturas del puerto de El Havre a diferentes horas: durante el día, durante la noche, al atardecer y, por supuesto, al amanecer.

Impresión, sol naciente lleva el interés de Monet por la luz, el color y la espontaneidad a un nuevo nivel. Al igual que en las otras pinturas de la serie, el artista optó por enfocarse en los efectos efímeros que la luz producía en el agua. Aunque las siluetas borrosas de los barcos, veleros y chimeneas son evidentes en la composición, el énfasis está en la luz del sol y sus reflejos ondulantes.

Pero, ¿por qué Impresión, sol naciente es más popular que las otras cinco pinturas de la serie? Irónicamente, esta pintura debe su fama a la mala recepción que tuvo en un principio.

 

La primera exposición de los impresionistas

Primera exposición impresionista

“Caricatura sobre el impresionismo, en la ocasión de su primera exposición”, 1874 (Foto: Wikimedia Commons Dominio público)

Dos años después de completarla, Monet expuso Impresión, sol naciente en la primera exhibición de los impresionistas, una muestra independiente realizada por los artistas vanguardistas de París. Realizada en el estudio de Nadar, un fotógrafo francés, la exposición presentó más de 200 piezas de la Société Anonyme Coopérative des Artistes Peintres, Sculpteurs, Graveurs, un grupo de artistas que incluía a Pierre-Auguste Renoir, Edgar Degas y Camille Pissarro, entre otros. Aunque estos pintores exhibieron obras igualmente controvertidas, los críticos estaban particularmente desconcertados por la pintura de Monet—especialmente por su título.

“Son impresionistas en el sentido de que no representan un paisaje, sino la sensación que produce el paisaje”, escribió Jules Castagnary de Le Siècle. “La palabra en sí misma ha pasado a su lenguaje: en el catálogo, el amanecer de Monet no se llama paisaje, sino impresión. Así se despiden de la realidad y entran en el reino del idealismo”.

“Ensucia tres cuartas partes de un lienzo con blanco y negro, frota el resto con amarillo, salpícalo con manchas rojas y azules al azar, y tendrás una impresión de primavera ante la cual los iniciados se desmayarán en éxtasis”, bromeó Emile Cardon de La Presse.

Louis Leroy, crítico para el periódico satírico le Chariviari, escribió: “Impresión, desde luego eso produce. Simplemente me estaba diciendo que, ya que estaba impresionado, tenía que haber alguna impresión en ello … ¡y qué libertad, qué facilidad de fabricación! El papel tapiz en su estado embrionario es más acabado que ese paisaje marino”.

Si bien su intención era burlarse del nuevo movimiento, estos críticos—especialmente Leroy, cuyas palabras se han vuelto particularmente infames—ayudaron a impulsar el movimiento; tras sus críticas, la Société Anonyme Coopérative des Artistes Peintres, Sculpteurs, Graveurs fue rebautizada como los impresionistas.

 

La influencia y legado de Impresión, sol naciente

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A partir de este cambio de nombre, el movimiento impresionista –con Monet a la cabeza– ganó mucha popularidad. El artista siguió capturando “impresiones” de su entorno por el resto de sus días. En 1890 y 1891, el artista completó una serie que exploraba los efectos de la luz, ambiente y cambios estacionales en Almiares; algunos años después, aplicaría el mismo enfoque a sus serie de pinturas de la fachada gótica de La catedral de Rouen; y, en su proyecto más ambicioso, Monet pasaría 30 años creando 250 pinturas a gran escala de Nenúfares.

Si bien estas series llegarían a definir el trabajo de Monet, uno no puede subestimar el rol de Impresión, sol naciente—especialmente en el contexto de las propias palabras y deseos del artista.

“Un paisaje es solo una impresión, instantánea, de ahí la etiqueta que nos han dado, todo por mi culpa”, recordó Monet. “Había presentado algo hecho desde mi ventana en El Havre, con la luz del sol en la niebla y unos cuantos mástiles en primer plano que sobresalían de las naves de abajo. Querían un título para el catálogo; no podía decir que era una vista de El Havre, así que les contesté: ‘Escriban impresión’. De ahí surgió el impresionismo y proliferaron las bromas…”.

Hoy en día, Impresión, sol naciente es parte de la colección permanente del Museo Marmottan Monet de París. Ahí continúa dando vuelo a la imaginación de los visitantes con su radiante paleta de colores, sus pinceladas expresivas y, por supuesto, su revolucionaria historia.

 

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