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6 Datos sobre el artista e ícono cultural Jean-Michel Basquiat

 

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A finales del siglo XX, Jean-Michel Basquiat puso el mundo del arte contemporáneo de cabeza. Viviendo y trabajando en Nueva York en las décadas de 1970 y 1980, el joven artista ayudó a popularizar el arte urbano al llevar el graffiti a las galerías, una acción monumental que hizo que el brillo y el glamour del mundo del arte fueran accesibles para todas las clases sociales.

Es probable que estés familiarizado con las pinturas de Basquiat, pero tal vez no sepas mucho sobre el hombre detrás estas obras maestras. Aquí presentamos algunos datos fascinantes sobre la vida de Basquiat, desde su infancia, rodeado de cultura, hasta su vida como un adulto joven bajo los reflectores.

 

De pequeño, a Jean-Michel Basquiat le gustaba el arte, los museos y un libro de texto de medicina.

Jean-Michel Basquiat nació en Brooklyn en 1960. Su padre era haitiano y su madre, puertorriqueña. Desde temprana edad mostró ser un niño superdotado; además de hablar francés, español e inglés con fluidez a la edad de 11 años, Basquiat sobresalió académicamente (después de un accidente y una cirugía cuando tenía siete años, leyó Gray’s Anatomy de principio a fin) y fue un artista talentoso. Para fomentar su talento creativo, su madre lo llevaba regularmente a museos de arte, siendo el Museo de Brooklyn una de sus instituciones favoritas.

Sin embargo, no todos vieron el potencial del artista en ciernes, incluido el propio Basquiat. “De niño era un artista realmente pésimo”, reflexionó alguna vez. “Expresionista demasiado abstracto; o dibujaba una gran cabeza de carnero realmente desastrosa. Nunca ganaba concursos de pintura. Recuerdo haber perdido ante un chico que hizo un Hombre Araña perfecto”.

 

A los 17, vivía en la calle y vendía sudaderas y postales para mantenerse.

 

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La madre de Basquiat admiraba su trabajo, y el artista solía afirmar que “el arte vino de ella”. Desafortunadamente, su madre tenía problemas de salud mental, lo que llevó a frecuentes hospitalizaciones y un hogar inestable. Debido a la presencia cada vez menos común y apoyo cada vez menor de su madre, Basquiat abandonó la escuela y dejó su casa cuando era adolescente. Como resultado, su padre dejó de mantenerlo y el joven de 17 años sobrevivió quedándose en casa de sus amigos y vendiendo su trabajo.

 

Se hizo famoso por cuatro letras.

Aunque pasó por tiempos difíciles, Basquiat eventualmente pudo estabilizarse. A fines de la década de 1970, él y su compañero artista Al Díaz se convirtieron en celebridades callejeras con el surgimiento de SAMO©, una marca que pintaron con aerosol por todo Bajo Manhattan. Con estas letras, que quieren decir “the same old sh-t” –o “la misma m–rda de siempre”– Basquiat señaló que esta palabra “corta pero dulce” sirvió como una firma “juvenil” para este dúo. “Se suponía que fuera un logo,” explicó, “como Pepsi”.

En poco tiempo, el dúo comenzó a combinar esta marca con declaraciones poéticas y críticas, como SAMO©…4 MASS MEDIA MINDWASH (“para el lavado de cerebro de los medios masivos”). Eventualmente, Basquiat incluso la incorporó en  obras más elaboradas. Sin embargo, los artistas decidieron retirar el “logo”, haciéndolo oficial al pintar una serie de graffitis de  “SAMO© IS DEAD” (“SAMO© está muerto”) por toda la ciudad en 1980.

 

Andy Warhol se convirtió en su mentor.

 

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Después del éxito de SAMO©, Basquiat comenzó a juntarse con la élite vanguardista de Nueva York. Una figura que se sintió particularmente atraída por el artista fue Andy Warhol, a quien Basquiat conoció—y le vendió postales—en un restaurante en 1979. En este momento, el pionero del Pop Art era una figura prominente con muchos contactos, lo que lo convirtió en un mentor ideal para el artista emergente.

Aún así, esta relación de trabajo atrajo una gran atención de los miembros de la escena artística de la ciudad de Nueva York. Algunos, como el propio asistente de estudio de Warhol, Ronny Cutrone, creían que lo único que lo motivaba era el beneficio personal. “Jean-Michel pensaba que necesitaba la fama de Andy, y Andy pensó que necesitaba la sangre nueva de Jean-Michel”, dijo. Otros, sin embargo, insistieron en que su unión era tanto profesional como platónica.

De cualquier forma, su amistad no duró mucho. Después de una decepcionante colaboración en 1985, tuvieron una pelea y, al momento de la muerte Warhol en 1987, no se dirigían la palabra.

 

Tenía una relación de amor-odio con ser el centro de atención.

Aunque estuvo llena de drama, la relación de Basquiat con Warhol fue un punto de inflexión en su carrera. En 1980, fue invitado a participar en el prestigioso Times Square Show, y, para 1981, ya tenía exhibiciones individuales y sus piezas se vendían por miles de dólares. Ese mismo año, comenzó a trabajar de forma cercana con el artista emergente Keith Haring y se involucró románticamente con una prometedora cantante conocida como Madonna.

Si bien apreciaba las oportunidades que este estatus le ofrecía, a Basquiat le resultaba difícil manejar la fama y el éxito repentino. “Tenía algo de dinero, hice las mejores pinturas de la historia”, dijo en 1985. “Pero estaba completamente solo, trabajaba mucho, tomaba muchas drogas. Era horrible con la gente”.

Lamentablemente, solo dos años después de hacer esta declaración, Basquiat murió de una sobredosis de heroína en su estudio de Manhattan. Tenía 27 años.

 

Su legado es más relevante que nunca.

 

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Basquiat trabajó como artista profesional por menos de una década. Sin embargo, a pesar de tener una carrera tan corta, este artista sigue siendo una de las figuras más reconocidas del arte contemporáneo y, por lo tanto, un ícono cultural—especialmente en el contexto actual.

Basquiat regularmente incorporaba imágenes y símbolos sobre los problemas raciales en su obra, desde la historia real del asesinato de un hombre negro desarmado por parte de la policía hasta figuras anónimas inspiradas en el arte popular africano. Para Basquiat, “la ausencia de artistas negros [era] dolorosamente evidente”, explica la Fondation Louis Vuitton, y “el artista impuso la necesidad de representar la cultura afroamericana y las revueltas en igual medida en su trabajo”.

Quizás ningún aspecto del trabajo de Basquiat encarne esta idea más que la corona, un símbolo que ha llegado a caracterizar su obra. Aunque se representa como un dibujo básico, parecido a una caricatura, este motivo adopta un significado poderoso cuando se coloca en la cabeza de sus sujetos negros, ya sean personajes anónimos, figuras de la vida real o incluso él mismo.

Después de todo, como dijo el propio Basquiat: “Cada línea significa algo”.

 

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