José Clemente Orozco, el muralista mexicano que exploró la condición humana

José Clemente Orozco

Simón Flechine, “José Clemente Orozco, retrato del pintor”. (Foto: Instituto Nacional de Antropología e Historia Sistema Nacional de Fototecas [CC BY-NC-ND 4.0])

Conocido por sus murales monumentales y su compromiso con las causas sociales, José Clemente Orozco es uno de los máximos exponentes del arte mexicano del siglo XX. Junto con Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, Orozco es considerado uno de los tres grandes del muralismo mexicano, con obras de estilo expresionista que abordan temas como las raíces culturales de los pueblos indígenas y la lucha independentista. Sin embargo, su obra no se limita al nacionalismo: en cambio, el pintor aborda temas universales como la condición humana y los aspectos más duros de ella, incluyendo la agonía, el dolor y la muerte.

A continuación te presentamos la biografía de uno de los artistas más transcendentes de la primera mitad del siglo XX, desde los artistas que lo inspiraron en un principio hasta las obras monumentales que creó por todo México y Estados Unidos.

 

Inicios

Omnisciencia de José Clemente Orozco

“Omnisciencia”, 1925. (Foto: Joaquín Martínez Rosado vía Wikimedia Commons dominio público)

José Clemente Orozco nació el 23 de noviembre de 1883 en Zapotlán (actual Ciudad Guzmán), Jalisco. Su familia se mudó a la Ciudad de México cuando era pequeño, y fue ahí que descubrió por primera vez la obra de José Guadalupe Posada. La imprenta donde trabajaba el creador de La Catrina se encontraba cerca de su escuela, y Orozco siempre se detenía a mirar. Fascinado por las caricaturas del icónico grabador mexicano, decidió empezar a dibujar, y fue inscrito en clases nocturnas en la Academia de Bellas Artes de San Carlos.

Años después, en 1897, su familia lo envió a la Escuela Nacional de Agricultura. A Orozco le interesaba poco ser agrónomo, pero en los tres años que estuvo ahí pudo ganar dinero dibujando mapas topográficos. Eventualmente ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA), donde fue alumno de Gerardo Murillo, mejor conocido como el Dr. Atl. En ese entonces, Orozco comenzó a rebelarse contra las convenciones artísticas europeas. “En las pasadas épocas el mexicano había sido un pobre sirviente colonial, incapaz de crear nada ni de pensar por sí mismo; todo tenía que venir ya hecho de las metrópolis europeas”, escribió en su autobiografía. “Debíamos tomar lecciones de los maestros antiguos  y de los extranjeros, pero podíamos hacer tanto o más que ellos”.

A los 21 años, el pintor sufrió un accidente mientras jugaba con pólvora. Las heridas en su mano izquierda fueron mal atendidas, por lo que tuvo que ser amputada hasta la muñeca. Sin embargo, el incidente hizo poco para detener al artista y pronto inició su práctica de pinturas murales, incluyendo Omnisciencia en la famosa Casa de los Azulejos de la Ciudad de México y otros en el Antiguo Colegio de San Ildefonso.

 

Orozco en el extranjero

 

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A finales de los años 20, el clima político cambiante y la falta de oportunidades artísticas en México llevaron a muchos artistas a abandonar el país en busca de nuevas oportunidades. Orozco fue uno de ellos, y entre 1927 y 1934 vivió en Estados Unidos.

Aunque aún no era muy conocido, el artista viajó a lo largo y ancho del país creando murales durante este periodo. En un inicio se estableció en Nueva York, donde hizo una serie de piezas. Sin embargo, el artista creó su primer gran mural en suelo estadounidense en Pomona College, California, en 1930. Orozco eligió retratar a Prometeo, el titán griego que robó el fuego de los dioses para dárselo a los humanos. El fuego suele representar la sabiduría y el conocimiento, por lo que le pareció un tema acorde a una institución educativa. El fresco fue un éxito rotundo, y el mismo Jackson Pollock lo describiría como “la más grande pintura de América del Norte”.

Mural de José Clemente Orozco en Dartmouth College

“Dioses del mundo moderno”, 1934. (Foto: Wikimedia Commons [CC BY-SA 3.0])

Su siguiente gran proyecto consistió en decorar los muros de la Biblioteca Baker en Dartmouth College, Nueva Hampshire. La universidad le dio completa libertad política para crear su mural, resultando en Dioses del mundo moderno, 24 frescos alegóricos llenos de referencias al impacto de los conquistadores europeos sobre los pueblos indígenas y los horrores de la guerra, particularmente la Revolución Mexicana y la Primera Guerra Mundial.

Ocupando un área de 300 metros cuadrados, los murales causaron controversia entre los padres de los alumnos, quienes argumentaban que Orozco era un comunista y que las imágenes que pintaba no eran “bonitas”. A esto, el rector Ernest Hopkins respondió: “Si ese fuera un criterio de valoración, muchas de las grandes obras de los maestros medievales tendrían que ser retiradas del Louvre”.

 

Regreso a México

El hombre en llamas de José Clemente Orozco

“El hombre en llamas”, 1938-1939. (Foto: Fotos de stock de zeelichsheng/Shutterstock)

Tras su regreso a México en 1934, Orozco se dedicó a hacer varias obras monumentales a lo largo del territorio mexicano. Fue comisionado para crear un mural en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, que se ubicó en el muro opuesto al famoso El hombre controlador del universo de Diego Rivera. Titulada Katharsis, esta pieza caótica es una alegoría de la guerra, y critica la sociedad de las masas y los peligros de las nuevas tecnologías.

Entre 1937 y 1939, Orozco llevó a cabo su proyecto más grande hasta entonces: la creación de 57 murales para la capilla del Hospicio Cabañas, en la ciudad de Guadalajara. Pensados para transformar un antiguo sitio de culto en uno cultural, los murales representan algunos de los momentos más importantes de la historia de México, como la Conquista, la Colonia y la modernidad. El fresco ubicado en la bóveda, conocido como El hombre en llamas o El hombre de fuego, representa los rituales (a menudo sangrientos) del mundo prehispánico, criticando a la vez la corrupción y la barbarie de la sociedad moderna.

Mural de Miguel Hidalgo de José Clemente Orozco

“El padre Miguel Hidalgo”, 1948-1949. (Foto: Fotos de stock de posztos/Shutterstock)

Orozco dedicó buena parte de sus últimos años a trabajar en su estado natal. Además del Hospicio Cabañas, el muralista realizó obras para la Universidad de Guadalajara y en el Palacio de Gobierno de Jalisco, el mismo sitio donde Miguel Hidalgo emitió su decreto para abolir la esclavitud. En el mural de Orozco, el libertador mexicano sostiene una antorcha que ilumina la oscuridad a la que se enfrenta el pueblo. Adicionalmente, también realizó frescos decorativos en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, donde satiriza la práctica de la justicia y celebra las riquezas del país.

José Clemente Orozco murió en la Ciudad de México el 7 de septiembre de 1949. Sus restos permanecen en la Rotonda de las Personas Ilustres de la capital mexicana, siendo el primer artista en recibir este honor.

 

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Sofía Vargas

Sofía Vargas es colaboradora y redactora en español para My Modern Met. Originaria de la Ciudad de México, es licenciada en Lenguas Modernas y Gestión Cultural por la Universidad Anáhuac. Ha trabajado para varias instituciones culturales en México, incluyendo la feria de arte Zona Maco. Cuando no está escribiendo, Sofía dedica su tiempo a desarrollar otras habilidades artísticas, como la cerámica y la ilustración.

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