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La historia del color verde: de pigmento venenoso a símbolo medioambiental

Historia del color verde

Foto: Fotos de stock de Sweet Art/Shutterstock

Todos los colores tienen una historia, y el verde no es la excepción. Hoy en día, este color suele asociarse con la naturaleza. La clorofila es el pigmento fotosintético que le da ese color fresco y calmante a las plantas. El verde ha sido una constante en nuestro entorno desde el principio de los tiempos, así que puede parecer extraño que tenga un pasado; sin embargo, esta vibrante tonalidad tiene una larga historia que ha estado plagada de desafíos. De hecho, el color verde era todo menos natural para aquellos que trataban de fabricarlo como pigmento para pinturas u objetos de decoración. Este matiz era famoso por ser difícil de conseguir, y sus pigmentos han sido unos de los más venenosos de la historia.

Conoce más acerca del color verde y descubre cómo pasó de ser considerado un tono complicado y peligroso a uno que representa la naturaleza y la riqueza.

 

La historia del color verde

 

Verde antiguo

La búsqueda por un pigmento verdaderamente verde se remonta a muchos siglos atrás. En el antiguo Egipto, el verde era un símbolo de regeneración y renacimiento. Los egipcios intentaron usar malaquita—un mineral de cobre—para pintar los muros de sus tumbas, pero era un proceso caro y se volvía negro con el tiempo. Los romanos encontraron una solución al sumergir platos de cobre en vino para crear verdigrís, un pigmento verde que se produce con la corrosión del metal. Este es el mismo tono verde que vemos hoy en día en los techos de metal patinado, monedas antiguas o esculturas. Los antiguos romanos usaban este pigmento en mosaicos, frescos y vitrales. Este tono temprano también fue usado por los monjes medievales para colorear manuscritos.

Historia del color verde

Foto: Fotos de stock de Savanevich Viktar/Shutterstock

 

Verde renacentista

En la Edad Media, el color de la ropa indicaba el rango social y la profesión de una persona. El rojo era usado por la nobleza, mientras que el marrón y el gris eran usados por los campesinos. El verde lo llevaban los comerciantes, los banqueros y la gente de clase alta. La mujer en el Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa de Jan van Eyck (1434) lleva un vestido verde brillante, que simboliza el estatus y la riqueza de su familia.

Durante este tiempo, se desarrollaron más pigmentos verdes a partir de materiales naturales, como plantas, pero los colores siempre se desvanecían con el tiempo. Los pintores renacentistas del Quattrocento como Duccio di Buoninsegna descubrieron que si pintaban los rostros con una capa verde de fondo, y luego agregaban rosa, la tonalidad de los rostros era más realista. Sin embargo, a lo largo de los siglos el rosa se ha desvanecido, haciendo que algunas caras aparezcan ser de un verde enfermizo.

Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa de Jan van Eyck

“Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa” (1434) de Jan van Eyck (Foto: Wikimedia Commons [dominio público])

Verde tóxico

En 1775, el químico sueco Carl Wilhelm Scheele inventó un mortal tono verde brillante hecho con arsenato, un químico tóxico. Conocido como verde de Scheele, este color era tan popular que para finales del siglo XIX ya había sustituido a los anteriores tintes minerales y vegetales—pero su creación tuvo consecuencias serias.

El verde de Scheele fue utilizado en papel, tapices, telas e incluso en los juguetes de los niños. Algunos diarios del siglo XIX contenían informes de niños que se enfermaban en habitaciones de color verde brillante, y de damas con vestidos verdes que se enfermaban por respirar los vapores tóxicos. Los historiadores creen que el pigmento causó la muerte del emperador francés Napoleón Bonaparte en 1821, ya que el papel tapiz de su dormitorio era de este tono mortal.

A finales del siglo XIX, un pigmento similar llamado verde de París reemplazó al Verde de Scheele. Sin embargo, también era altamente tóxico. Este fue el pigmento que los impresionistas franceses como Claude Monet, Paul Cézanne y Pierre-Auguste Renoir utilizaron para crear sus exuberantes paisajes verdes. Algunos creen que el pigmento puede haber sido responsable de la diabetes de Cézanne y la ceguera de Monet. El verde de París finalmente fue prohibido en la década de 1960.

Paisaje de Cézanne

“Monte Sainte-Victoire y el viaducto del valle del rió Arc” de Paul Cézanne (1885) (Foto: Wikimedia Commons [dominio público])

Verde como símbolo de renovación

Hoy en día, lo verde se asocia con la conciencia ambiental—”ser verde”, como dirían algunos. El color es un símbolo de sustentabilidad y de ser amigable con el medio ambiente. Sin embargo, muchas versiones del color verde aún van en contra de esa misma idea. A pesar de todos los avances modernos en la tecnología del color, la producción de tintes y pigmentos verdes sigue siendo difícil y muchas tonalidades siguen incluyendo sustancias tóxicas.

Uno de los tonos más usados hoy en día se llama pigmento verde 7. Utilizado en plásticos y papel, este color contiene cloro que, cuando se consume, puede provocar enfermedades e incluso la muerte. Otro matiz popular es el pigmento verde 36, que también incluye el cloro y átomos de bromuro potencialmente peligrosos. Además, el popular y brillante pigmento verde 50 es un cóctel tóxico de cobalto, titanio, níquel y óxido de zinc.

A pesar de su dañina composición química, el verde sigue siendo asociado a sentimientos positivos como la vitalidad, la frescura, la calma y el renacimiento. De hecho, Pantone eligió la tonalidad “Greenery” como su Color del Año en 2017. La compañía describe este color como un “chispeante y fresco tono verde amarillo que evoca los primeros días de la primavera, cuando los verdes de la naturaleza reviven, se renuevan y se recuperan. Evocador de una frondosa vegetación y de la exuberancia de la naturaleza, las características vigorizantes del Greenery invitan a los consumidores a respirar hondo, oxigenarse y revitalizarse”.

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Sofía Vargas

Sofía Vargas es colaboradora y redactora en español para My Modern Met. Originaria de la Ciudad de México, es licenciada en Lenguas Modernas y Gestión Cultural por la Universidad Anáhuac. Ha trabajado para varias instituciones culturales en México, incluyendo la feria de arte Zona Maco. Cuando no está escribiendo, Sofía dedica su tiempo a desarrollar otras habilidades artísticas, como la cerámica y la ilustración.

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